El loco de los balcones

Ver a José Sacristán sobre un escenario, trabajando, interpretando y poniendo su piel, su voz y sus movimientos con el alma de un personaje no deja de ser un lujo alcanzable para amantes y profanos al teatro. En “El loco de los balcones”, Sacristán es ese hombre que vive con pasión su amor por los balcones de la vieja Lima que termina convirtiendo su afición desvivida en un modo de existir en el que envuelve también a su joven hija.

Un modo de vida también puede suponer una gran esclavitud ante la que no se reacciona hasta que no se convierte en una losa. Una reflexión sobre la vida y cómo cada uno se la gestiona es lo que cuenta Mario Vargas Llosa en esta obra de teatro inspirado en un profesor italiano que vivía en Lima y que se enamoró profundamente de los balcones de esta ciudad. El ritmo de Vargas Llosa está hecho para la lectura y el espectador lo siente viendo este montaje. El peruano narra con tal precisión cada hecho de aquello que escribe que no es necesario verlo. “El loco de los balcones” podría ser perfectamente interpretado para un radioteatro o visto desde el patio de butacas con los ojos cerrados y el espectador no se perdería nada porque todo está contenido en las palabras. Por eso, trasladar al escenario lo que el premio Nobel escribió, aunque sea en forma de teatro, hace redundante todo que allí se ve. Es innegable que todo el elenco de “El loco de los balcones” está fantástico. Destaco de nuevo al maestro Sacristán y manifiesto mi sorpresa muy favorable por el excelente buen hacer de la joven actriz Candela Serrat que domina el personaje de Ileana, la sufrida hija del protagonista. Y el joven gran talento, Alberto Frías, demuestra su gran versatilidad sobre los escenarios. Que no mencione al resto de actores no quiere decir que no estén formidables en el montaje. Gustavo Tambascio firma la dirección del espectáculo, actividad nada fácil en esta propuesta donde el ritmo llega en la segunda parte cuando los personajes empiezan a sacar sus conflictos.

Resulta, sin embargo, singular escuchar un acento españolísimo cuando la historia transcurre en pleno Perú. Haremos la vista gorda, como tantas veces la hacemos, cuando en una película americana con perfecto acento castellano de Valladolid alguno de sus personajes nos dice que en su vida ha salido de Connecticut. Aunque no tiene ningún sentido que únicamente el personaje de Teófilo Huamani, interpretado por Javier Godino, tenga un ligero acento de allende los mares. Misterios de las tablas.

Calificación: Por ver al gran José Sacristán, lo que haga falta.

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