LAS PRINCESAS DEL PACÍFICO

Llevo años recibiendo solicitudes de amigos y conocidos que me preguntan qué obra de teatro les recomiendo porque quieren ir a pasar un buen rato y echarse unas risas. Mensaje recibido por mucho que me repatee. A partir de ese momento, me toca estrujarme las meninges para decidir qué narices les recomiendo sin que vayan a ver cualquier propuesta que le licue el cerebro en menos de noventa minutos. Si me lo preguntaran hoy, lo tendría muy fácil: “Vete a ver ‘Las princesas del Pacífico’, te vas a morir de la risa”. Ellas, la tía y la sobrina, aportan un poco de todo aquello que, en general, buscamos cuando vamos al teatro. El otro día repetí y volví a ver a esas dos mujeres de Dos Hermanas, o del pueblo más recóndito de España, que, a las pobrecitas, les pilla todo. No fui solo, reuní a un nutrido grupo de amigos a los que les gusta echarse unas risas en un patio de butacas, pero que también quieren que desde un escenario les toquen dentro.

las-princesas-del-pacifico-cartel¡Cusha, niña, cómo me lo pasé! Me reí incluso más que la primera vez. Y me dieron más pena que nunca esas dos princesas. Es una desgracia no poder conocer mundo, pero más desgracia es conocerlo a través del vómito de una pantalla de televisión. Ellas sólo dominan su mundo, sus cuatro paredes, no han ido más allá de la esquina de su casa y, sin embargo, creen estar de vuelta de todo. Hasta el día que casi de un empujón deciden cruzar el umbral de su zona de confort, o de incomodidad, y se enfrentan al mundo. Un mundo nuevo, desconocido, desafiante y al que ellas mismas desafían, sin pararse a pensar que son el punto débil del sistema que le avocará a ser víctimas de su desconocimiento. Pero a pesar de sus tragedias, porque la función da para que les caigan rayos y centellas, ellas tratan de salir adelante y luchar con las armas que siempre han tenido a su alcance: el odio, la venganza y guardar las apariencias.

La reflexión está lanzada. José Troncoso ha creado un historia circular. Los personajes sin duda recorren el viaje del héroe, pero con un sentido inverso. En lugar de crecer, han ido a menos por imposible que parezca. De Troncoso, aparte de dar un apunte que entra en lo personal y es que es muy buena gente y eso se demuestra también en su trabajo, cabe destacar la historia que ha sabido relatar, llena de pinceladas, de detalles que reflejan una sociedad que, aunque alejada de las apariencias que convive en las grandes ciudades, sigue existiendo en los pequeños núcleos de población o de forma más disimulada en las urbes. Ojalá que este montaje pudiera llegar a cada rincón de España y ayudase a mejorar en el comportamiento humano que ferozmente critica el autor de “Las princesas del Pacífico”, probablemente porque ansía que algún día dejen de existir comportamientos sociales como lo que cuenta en su trabajo. La dirección es igual de cuidada y detallista, llenando de verdad a esas dos mujeres. Alicia Rodríguez y Belén Ponce de León son tía y sobrina y podrían serlo de por vida porque el espectador en ningún momento deja de creérselo. Alicia Rodríguez es un prodigio andaluz que llena de arte el escenario y que nos encandila a los que no somos andaluces y admiramos las virtudes de los habitantes del sur de España. No puede sacar ni más rabia ni más vileza pero tampoco mayor protección hacia su único tesoro. Belén Ponce de León es un cañón interpretativo. Mantiene la inocencia de ese personaje en todo momento, llegando a instalarse muy adecuadamente en esa pánfila que no ha visto el mundo por un agujero.

Seguiré recomendando “Las princesas del Pacífico” a todos aquellos que digan que quieren ir al teatro a echarse unas risas. Desde luego, no pararán de reírse aunque después les venga el remordimiento pensado de qué se han reído.

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Todo el tiempo del mundo

todo-el-tiempo-cartelRecibir la noticia de que Pablo Messiez está enzarzado en un nuevo montaje teatral genera una grata impaciencia a los amantes del teatro porque el tiempo pasa muy despacio desde que se recibe la dichosa noticia hasta el estreno de la obra “messieana”. Nos podemos sentir afortunados porque “Todo el tiempo del mundo”, la última creación teatral escrita y dirigida por Messiez, ya está sobre los escenarios y esta vez en las Naves del Español, sin duda, vientre natural para los montajes del creador argentino.

En “Todo el tiempo del mundo” la acción transcurre en el interior de una antigua zapatería de señoras, muy parecida a la que regentaba el abuelo del autor, el señor Flores. Nos podemos ahorrar la pregunta de cuánto hay de autobiográfico en este montaje. Durante la entrada del público y durante los primeros minutos, las clientas deambulan por el local mientras son atendidas por los dependientes. Hasta aquí el realismo de la función. Transcurridos esos primeros minutos, comienza la ensoñación del propietario de la zapatería, el señor Flores. El pasado y el futuro conviven irremediablemente entre suelas y tacones, no hay quien pare esa centrifugadora del tiempo. Y para crear confusión está el presente que no acierta a comprende lo que está pasando, probablemente, porque el presente nos ciega, nos sobrepasa, no nos deja ver más allá ni girar la cabeza para saber de dónde venimos. De nuevo Messiez, como ya hiciera en “La distancia”, hace malabares con los planos temporales. Demuestra que domina el movimiento de esos tiempos, añadiendo en esta obra el plano del tiempo futuro, difícil de digerir por desconcertante y desconocido.

Cada personaje es un tiempo viviendo su presente. Sólo el personaje de Nené porta la bola de cristal para anunciar al señor Flores lo que le deparará el futuro en un diálogo intenso, íntimo y desolador para el patio de butacas. María Morales es Nené que representa el presente y el futuro, la ternura y la crudeza en un registro que María Morales domina sabiamente, regalando un trabajo a los espectadores que no dejará indiferente a nadie del público. La compañía Grumelot conforma el resto del elenco. Todos ellos jóvenes y talentosos como demuestran en cada minuto de esta función. Iñigo Rodríguez-Claro saca a luz su gran valía dando vida al señor Flores. Sin duda, un gran regalo de Pablo Messiez al actor, quien posee un talentoso dominio de la técnica actoral que le permite poder atravesar los difíciles momentos que debe digerir el personaje, aguantando el peso de la historia y manteniéndose en escena prácticamente durante toda la función.

Pablo Messiez se reta así mismo con cada estreno. “Todo el tiempo del mundo” tiene muchos elementos para llegar a lo más profundo del espectador y esta vez lo consigue desde ese prisma del tiempo, de todo el tiempo del mundo, aún inexplorado en su totalidad por el autor. El que no arriesga, no cruza la mar. Pablo Messiez la cruzó y creo que debe estar llegando a nado a Hawaii. Confiemos en la inmensidad de los océanos para que pueda seguir nadando.

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Historias de Usera

El otro día estaba sentado junto a mi madre en su casa viendo el clasicazo del cine “¿Qué fue de Baby Jane?” cuando el chico de los periódicos que salió en la película le recordó al chaval que pasaba por delante de la ventana de ese mismo salón con un carro lleno de noticias mientras gritaba: “¡El Pueblo, el Pueblo! ¿Con la Narcisa, la madre de El Cordobés!” Que la Narcisa era la madre de El Cordobés era algo que yo tuve asumido durante toda mi infancia ya que desde que puse un pie en este mundo había estado escuchado el relato de aquel día en el que El Cordobés se acercó al barrio de Usera a conocer a la Narcisa, para todo en el barrio, la madre de El Cordobés. El revuelo que se debió montar en Almendrales ya me gustaría a mí a verlo visto por un agujerito. El tiempo me hizo darme cuenta de que la Narcisa sólo fue la madre de El Cordobés en su imaginación. Ella lo sentía como vivo en su pensamiento y el barrio estaba lleno de dudas (¡si salía hasta en el periódico “Pueblo”!) hasta que El Cordobés se personó en la Usera Baja y aclaró que su madre nunca había pisado ese barrio lleno de historias.

historiasdeusera_cartelHistorias de Usera hay miles, por no decir millones. Fernando Sánchez-Cabezudo ha hecho una selección de narraciones que han persistido en ese conjunto de calles y que fue el barrio natal de su sala de teatro, la Sala Kubik, una de las más comprometidas con el buen hacer escénico y que fue el origen de este disfrute teatral para “usereños” y forasteros.

Hacía mucho tiempo que no vivía con tanta impaciencia un estreno teatral. Sabía que escuchar parte de mi imaginario infantil y adolescente en boca de actores a los que admiro me iba a enternecer. No me equivoqué. Reí, reí muchísimo, incluso varias veces fui el único que soltó una carcajada en la sala porque sólo los de “Useras” podemos entender ciertas cosas. Y lloré. Cómo no dejar escapar la emoción reviviendo sobre el escenario los bailes en Copacabana donde tantas celebraciones tuvieron cita, incluida la boda de mis padres.

Ay, Inma (Cuevas), Pilar (Gómez), Jesús (Barranco) y Jose (Troncoso), si antes ya os admiraba, ahora os idolatro. Llevo una semana con vuestras interpretaciones pegadas en la cara interna de mi occipital y no consigo que os vayáis. Transmitís no sólo las “Historias de Usera” sino la historia de un barrio que ha evolucionado en el tiempo, que no deja de hacerlo y que como virtuosos de la escena que sois os situáis igual en los años 60 que en el siglo XXI llenando de verdad a cada personaje sin importar en qué época haya vivido. Hubiese sido feliz de haber podido estar sentado junto a Alfredo Sanzol, Miguel Del Arco, José Padilla, Denise Despeyroux, Alberto Olmos y Albero Sánchez-Cabezuco mientras se empapaban de la vida de Usera contada por sus vecinos como única inspiración para escribir las aventuras y desventuras de un conjunto diverso de personas trasplantadas a tierras del sur de Madrid. Fernando Sánchez-Cabezudo ha sabido guiar a los actores profesionales y a los autóctonos por las huellas de un barrio mediante un trabajo de conservación de esas marcas del tiempo, asegurando un ambiente delicado, acogedor y hogareño para recrear un punto geográfico en el que los detalles nunca han contado demasiado.

“Historias de Usera” son historias de barrio, de pueblo, de ciudad y, sin duda, de vida. Usera es un barrio que ha cambiado mucho desde su fundación, que da giros bruscos que impiden reconocerlo con el paso de los años, pero que sigue siendo hospitalario y acogedor como siempre lo ha sido. No dejen de verla para sentir el calor que transmiten los barrios de Madrid.

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Evita

Reconozco que a veces me da por algo y no lo suelto hasta que no pasan unos cuantos días o semanas. Me sucede muy a menudo con las biografías de algunos personajes que atraen mi atención. Llevaba yo una temporada muy relajada con el asunto hasta que ayer fui al estreno de “Evita”. Tenía curiosidad por ver el montaje y ganas por ver “Evita” por primera vez. Con Paloma San Basilio era demasiado joven, no tenía yo edad para ir a ver el musical, aunque no fue por falta de gana. La película con Madonna no me atrajo nada. Así que aproveché y me fui al Nuevo Teatro Alcalá a ver esta producción del Auditorio de Tenerife, dirigida por Jaime Azpilicueta con el cartel como única referencia propia. Confieso que en la breve descripción que acabo de hacer del montaje ya hay varios elementos que me podían hacer presagiar que no sería el musical de mi vida.

evita_madridEstreno. Cola de media hora de espera para recoger las invitaciones (vas invitado y te aguantas, a veces las pagas y tienes que chupar espera igualmente). Menos mal que estaba Epunto con su madre en la cola y eso adelantó un poco. Son encantadoras, dan conversación, hablamos de teatro, alabamos y criticamos y llegamos ya al punto de recogida bastante entretendos. Recorrí el largo pasillo del patio de butacas sin mirar mucho para los lados, no tenía yo el día para mucho palique. Llegué a mi sitio y una voz desde la oscuridad gritó: “No vendrás a mi lado, ¿no? ¡A mi lado no te sientas!” Reconocí esa voz. Era Mpunto con una copa de cava en la mano. “¡Cuánto tiempo sin vernos! ¡Sí, sí, mucho!” Le dije que está rejuvenecida con ese nuevo look. Lo agradeció cortesmente y hablamos sobre cosas suyas mucho en poco tiempo . En realidad, yo había tenido algunas ltiranteces laborales con Mpunto porque un día, en otro estreno… bueno, en fin, una salida de pata que tuvo en un momento inapropiado y no estoy yo ya para aguantar ni salidas de pata ni entradas de oca. Estuvimos distantes un tiempo hasta que un día se lo solté todo por whatsapp me pidió disculpas y me dijo que ella me quería mucho. Nunca la hubiese esperado, pero la vida te sorprende. Ahí me ablandé, lo reconozco públicamente. Pero no pasa nada, todos necesitamos que nos quieran.

Mpunto me dijo que había oído algún comentario negativo sobre las funciones previas de “Evita”. Seguí acumulando más lastre. Se apagaron las luces, empezó el espectáculo y, como que estoy ahora sentado en el sofá de mi casa, no entendí nada de la primera canción, pero ni una palabra. Agudicé tanto el oído que el resto de los sentidos perdieron atención, como cuando estás buscando sitio con el coche y bajas la radio para ver mejor, ¡lo mismo! ¡Ay, Evita mía, que esto remonte, por favor! Poco, remontó poco. Me atrajo la historia, es decir, que el libreto de Tim Rice con música de Andrew Lloyd Weber tiene su atractivo, aunque no hace falta que yo lo diga aquí. El desarrollo me mantuvo atento y no vi caras intentando levantar los párpados con grúa. Tuve la sensación en varios momentos de que Inma Mira, Evita en la obra, estaba uno o dos tonos por encima del suyo, haciendo que su interpretación musical fuera poco natural y difícil de entender. Si no perdí anoche varias dioptrías es porque la naturaleza es sabia. Jadel interpreta al Che Guevara. Canta bien, pero recuerda más a Kent Militar que al guerrillero argentino. Otro estilismo lo haría más creíble. Ignasi Vidal desarrolla con soltura el papel del General Perón, canta y se le entiende a las mil maravillas. Destacan, por el contrario, tanto Miriam Reyes que interpreta a la chica de la maleta y Geni Afonso que da vida a Juana Ibarguren.

Nunca antes imaginé que podría acordarme tanto de Paloma San Basilio en un momento específico de mi vida. Salí tarareando “No llores por mí Argentina” pero la voz que retumbaba en mi cabeza era la de la primera Evita española. Muchos no pudimos ver aquel montaje de los 80 que, como este del 2016, estaba dirigido por Jaime Azpilicueta, pero algo de aquello estamos viendo sobre el escenario del Nuevo Alcalá en el siglo XXI o si no se repiten cosas, algún traje del vestuario debe ser de aquel montaje y desprende olor a guardado.

Acabo esta entrada y sigo investigando sobre la vida de Eva Duarte de Perón que tuvo una enganchada gorda con Carmen Polo cuando vino a España, dicen que se dejaron de hablar en doce días que estuvo en la Península Ibérica. Y lo del cadáver de Evita, que estuvo viajando de un sitio a otro cuando al final del régimen peronista profanaron su tumba y dicen que hasta hubo quien lo utilizó para contactos con el más allá. Me quedan varias biografías por leer y por ver la serie “Carta a Eva” que emitió TVE. Os dejo.

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La piedra oscura

Carta a Alberto Conejero

Querido Alberto:

Espero que al recibo de la presente te encuentres bien. Me apetecía contarte por escrito mis sensaciones después de ver por segunda vez “La piedra oscura”, tu obra, tu regalo a los espectadores. Imaginaba que te haría ilusión recibir una misiva (no tengo tu dirección postal, por eso, me aprovecho de la tecnología) porque ya hemos aceptado con resignación que la comunicación epistolar con sentimiento está perdida. ¡Qué hubiera sido de la historia entre Federico y Rafael sin las cartas! Menos mal que aún nos quedas tú para poderlo plasmar inteligentemente sobre un papel que se subirá a los escenarios. Retratas a Rafael aferrándose a esa carta con anhelo, como el único pedazo que le queda de su amor y a la vez le sirve, paradójicamente, de consuelo. En nuestros días, nos venimos arriba mirando un whatsapp o escuchando un mensaje de voz, pero el punto romántico no es ni comparable y tú nos has hecho revivirlo y, a más de uno, le habrás ayudado a conocerlo. Al igual que has tomado la estilográfica de Federico poniendo en boca del soldado, en ese monólogo inicial, un texto que es puro Lorca escrito en el siglo XXI.

la-piedra-oscura-cartelVer “La piedra oscura” por segunda vez en el Teatro Galileo significó encontrarme con el dolor de vivir una agonía sin enfermedad previa. Me retorció el estómago más que la primera vez que me enfrenté a esa historia llena de vida. Una lucha por no dejar de existir, por encontrarle un motivo lógico a lo irracional y en la que cada palabra de los personajes permite a los espectadores entender el significado de cada palpitación de esos dos hombres tan distantes y tan cercanos entre sí. Cada latido de esos dos seres inocentes mina el alma del público. Estoy seguro de que también calaron muy profundamente en ti durante los meses que conviviste con esos dos damnificados mientras buscabas la manera de darlos forma. El recuerdo de ese tiempo que viviste trabajando en este texto se habrá quedado de manera indeleble dentro de ti, dándote alas para crecer aún más como persona en el camino de la excelencia humana, siempre luchando por evitar que se repitan injusticias similares. Espero que haber recibido el Premio Max te haya servido de bálsamo para las heridas. No sabes cómo me alegré cuando supe que era tuyo.

Antes del reestreno te vi nervioso y emocionado por el regreso de tu obra a Madrid. Lo justifico porque sé que te exiges mucho a ti mismo, pero una vez que se apagan las luces y empieza la función, buena parte de esa responsabilidad, que es el acicate de tu trabajo de dramaturgo, recae sobre Pablo Messiez, Daniel Grao y Nacho Sánchez. Difícil superar lo que ellos hacen. De Pablo, no esperaba menos, es el director que no defrauda. ¿Llegará el día en el que algún trabajo del señor Messiez no convenza? Me costará creerlo si me lo cuentan. En “La piedra oscura” lo da todo, no hay fisuras en su trabajo. Otro Premio Max bien merecido. Otra buena alegría que me llevé. Hace varios años que conozco a Pablo y sus trabajos, ya le iba tocando. Cuando supe que Daniel Grao y Nacho Sánchez iban a dar vida a estos personajes imaginé que el trabajo no iba a ser fácil para ellos. Poner en pie esos seres humanos, que luchan de forma sobrehumana, no está al alcance de cualquier actor. Parece que ellos dos se han quedado anclados en esa cárcel desde hace ochenta años y cada día reviven esas horas previas al fin sin que el tiempo pase para ellos. Imagino que te estarán inmensamente agradecidos por crear esos personajes. A los espectadores nos faltan fuerzas en las manos para reconocer suficientemente con aplausos su pasión en este trabajo.

Decía Federico: “Desechad tristezas y melancolías. La vida es amable, tiene pocos días y tan sólo ahora la hemos de gozar.” Permíteme que le lleve la contraria, aun a riesgo de que tuerzas la boca. La tristeza hay que experimentarla cada tanto, nos ayuda a sentirnos vivos. Al teatro no sólo se va a reír fácilmente, al teatro se va a renovarse viviendo historias que nunca llegaríamos a conocer de otra manera.

Gracias, Alberto, por tus regalos. No evites seguir dejándonos perplejos ni te quedes con sorpresas en un cajón. El presente y el futuro te estarán muy agradecidos.

Espero que nos veamos pronto.

Recibe un abrazo,

Jesús Ortega.

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La lista

Casi, casi podría decir que he inaugurado la temporada teatral viendo “La lista” en la Sala Cuarta Pared. Es cierto que antes vi “La piedra oscura”, pero repetía, así que no sé si cuenta. Fui a la Sala de la calle Ercilla animado por la vehemencia con la que P.J.L. Domínguez, crítico de la revista Guía del Ocio y creador del blog Cerca de la cerca en el que amplía algunas de las críticas teatrales que publica en la Guía y donde ven la luz aquellas que no publica en la revista convencional, hablaba en su crítica sobre esta obra de teatro. cartel-la-lista-a2“Vayan a verla”, decía sin objeciones, literalmente y lleno de razón. Así que como un corderito yo le hice caso porque a los maestros hay que seguirlos en el camino. Encima no fui solo, arrastré a Epunto y a Cpunto y  Cpunto se lo dijo también a dos amigos (Lpunto y Cpunto)¹ a los que yo no conocía, pero la chispa surgió entre los cinco y nos pasamos una tarde de risas.  Bueno, risas fuera del teatro porque “La lista” tiene poco de humor (ni falta que le hace) y si no, que se lo digan a Cpunto que “izó velas” durante un ratito viendo a esa mujer, loca ya de tanta lista como tenía en su vida. Es que hay que dejar algo para la improvisación. Siempre lo digo. Si no improvisas, te aburres. Lo tengo demostrado. No por mí, por otros. Tengo ejemplos a mansalva, pero no daré iniciales, al menos, en esta entrada.
Que hacer una lista de vez en cuando no viene mal. A todos se nos puede ir algo, pero apuntarlo todo, todo  en una o varias (peor aún) listas como hace la protagonista sólo te lleva al caos y a la desorganización porque como ya está escrito, lo borras de la mente. ¡Ay, amigo, vete a buscar luego en qué lista lo apuntaste! Y encima no ejercitas la mente. Me da rabia la gente que va a la compra con la lista. ¡Haz memoria delante del charcutero!, ya verás como tu masa gris te lo agradece.

El texto de Jennifer Tremblay se las trae porque parece que te va llevar por un sitio y te acaba llevando por otro. Desde el principio, se puede intuir el final. Esto es lo que decepcionó un poco de la obra a Lpunto porque había leído que el final era inesperado. Pero saber el final desde el principio es lo de menos porque la trama te lleva a adrentarte en los personajes que narra la protagonista, en sus vidas cotidianas y, en concreto, a centrarte en una amistad que entabla. Y ahí lo dejo que esto me puede llevar a hacer spoiler y no hay cosa que más odie. La protagonista está obsesionada con las listas y con sus obligaciones, que son muchas, pero, vamos, en vez de escribirlas, ¡hazlas! Ese pensamiento lo tuve fijo durante toda la función. Y al final esa obligación absurda por hacer un elenco de sus deberes diarios, le lleva a descuidar lo importante en un momento preciso. Lo importante pasa a ser secundario, en su cabeza, y ahí llega la debacle. “Ese es el sorprendente final, Lpunto. En realidad, el final de verdad es lo que precede al final que se intuye al principio.” No sé si Lpunto lo pilló, lo hablaremos en la cena peruana porque dijimos que teníamos que quedar para ir a cenar a un peruano y echarnos otras risas.

Y a todo esto, yo sin conocer a Frantxa Arriza, la actriz protagonista. Que mira que conozco actores, que parece que no se acaban nunca, pues a esta que no la conocía. Y me encantó. Llena de verdad ella, muy creíble todo lo que contaba y cómo lo contaba, de ahí también el “levantamiento de velas” de Cpunto. Y sola una horita sobre el escenario, que muchas actrices, incluso reconocidas y “goyadas”, nunca se han atrevido. Enhorabuena si me está leyendo porque tiene la plena capacidad de transmitir esa angustia constante en la que vive esa mujer, sin olvidar la dirección de Javier G. (parece uno de mis amigos, pero es que no aparece el apellido completo en la ficha artística) que ayuda a que la actriz saque el máximo de ella.

Repitiendo la palabra de mi admirado P.J.L. Domínguez, “vayan a verla”  y, sobre todo, reflexionen sobre lo que la autora cuenta. Les ayudara a dar dimensionar los problemas y a priorizar cuando se acumulan.

Nota a pie de página:

1.- Esto de las iniciales ya lo usan otros, incluso P.J.L. Domínguez, espero que me permita la licencia. Gracias de antemano. Es que está todo inventado, ¡qué complicación!

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Tenía ganas…

Miren, tenía ganas. Ya lo he dicho. Necesitaba retomar este blog, que tenía abandonado por completo desde hace unos meses, bueno, en realidad, unos años (me dice el propio blog que la última entrada es de hace casi dos años, me parece mucho, pero me fiaré. ¡Madre mía, cómo pasa el tiempo!). Sinceramente, no tengo ninguna obligación de retomarlo, pero lo hago porque escribiendo uno echa fuera lo que no debería tener guardado, sea bueno o malo, ahí no entro porque, eso sí, una veces expulsaré rosas y otra tomates podridos, así es la vida y asumo el riesgo (¿habrá algún seguro que cubra los daños de estos chaparrones?). Ahí se demuestra la libertad que da escribir. Nos hace valientes frente a la pantalla en blanco (ya nadie escribe en papel) y quien diga que no, miente. ¿Quién no ha dicho más de una verdad a través de un mensaje escrito mediante un teléfono móvil que cara a cara no se habría atrevido a decir? Me respondo yo mismo: pues todos los que teclean con más o menos frecuencia a través de un aparato tecnológico alguna vez hasta habrá soltado una verdad que les salía del alma.

Necesidad y libertad son las dos bases que reabren “Efecto Madrid”. Espero que la energía que siento en este momento me acompañe por un periodo largo y que en ningún momento sienta la obligación de tener que postrarme durante horas enfrente del teclado del ordenador tratando de transmitir una idea que en ese momento no llega. Desde luego, esa posibilidad está lejos de mis intenciones con esta rentrée.

Se levanta el telón efectero y se abren las puertas a todo aquello que merezca ser contado.

 

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