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Souvenir

Desde el primer momento en que vi el cartel de “Souvenir” sentí un feeling (un feelgood, nombre la productora de la bora) que me condujo a tener ganas de ver el montaje. Ya en el patio de butacas me sentía impaciente en los minutos previos a que la luz de sala se apagara y aparecieran los protagonistas sobre el escenario. Estaba ante una de esas obra que, por un cúmulo de elementos, atraen la curiosidad del espectador desde que tiene el primer contacto con el montaje, antes incluso de llegar al teatro. La historia del periodista Solomon Shereshevsky no es una historia habitual. Muy pocos son los que padecen hipermnesia y Shereshevsky era uno de ellos, siendo el primer caso conocido de este síndrome extrañísimo, nada común que consiste en retener en la memoria todo aquello que los sentidos perciben ante cada situación vivida. Tal singularidad convirtió al periodista en una persona llena de sufrimiento que se sentía atrapada entre los barrotes infinitos de sus recuerdos. Pablo Díaz Morilla, autor de la obra, aprovecha la hipermnesia de Shereshevsky para tejer sin imperfecciones una historia cuyos principales hilos son la humanidad, el amor y la complicidad entre sus personajes.

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El actor Ángel Velasco vive en su pellejo la hipermnesia recreando los sentimientos de Solomon Shereshevsky a través de los variados matices de un personaje que pasa de la felicidad a la tristeza, de la desesperación a la ilusión en pocos segundos. Velasco ha captado cada milímetro de la esencia de ese joven periodista al que encarna y pone sobre el escenario a un Shereshevsky que, a pesar de la dificultad que entraña mostrar su raro padecimiento, logra que el público se apiade de él y quiera contribuir a la búsqueda de una salida a su desasosiego. También contribuyen positivamente a que el espectador se vea atrapado en la maraña de la hipermnesia los actores Esther Lara y Steven Lance, que ponen en pie a los personajes de la mujer de Sheresevsky y el psiquiatra Alexander Luria que trató al periodista. Ambos son los puntos de apoyo del protagonista en la historia y consiguen profundizar en el complicado modo de manejar la terrible situación en la que una vivencia no es sólo el recuerdo en sí de lo sucedido sino los matices que lo rodean, transformando cada momento en personas y objetos que se retienen en la mente con una descripción desmedida propia de un novelista redundante en la presentación de las situaciones. Sin duda debe resultar agotador. Los tres actores logran con creces transmitir ese hastío.

Destaca el impresionante diseño de iluminación, el ingenioso vestuario lleno de pequeños detalles casi imperceptibles para el ojo humano pero muy presentes en una mente como la de Shereshevsky, la escenografía que atrapa a los protagonistas, la música, compuesta por el propio director del montaje e interpretada por Agustín Galiana, que envuelve en romanticismo la relación del matrimonio Shereshevsky y la dirección de Fran Perea que permite que todos los ingredientes de este montaje emulsionen para conseguir un resultado que toca al espectador que se compadece de su protagonista pero también de quienes le acompañan en su dura experiencia vital. Se percibe, además, que Perea no se ha limitado a la dirección de actores, sino que ha trabajado para que todos los elementos vayan acompasados sin restar protagonismo unos a otros, lo que requiere de un delicado trabajo de dirección y coordinación. Y ahí están los frutos de la dedicación al trabajo, un “Souvenir” difícil de quitárselo de la cabeza, recordando cada uno de sus matices, sintiéndonos un poco Sheresevsky cuando la recordamos.

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