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Lo posible

Son varias ya las obras de teatro de Neil Laboute, autor de Detroit, que han pasado por la cartelera madrileña, pero me había quedado con ganas en todas ellas de poder ver la forma de crear situación del estadounidense. Con el estreno de “Lo posible” lo tuve a tiro y a los Luchana que me fui a ver a Noemí Climent y a Rut Santamaría sobre el escenario, con la garantía de que detrás de la propuesta estaba la varita mágica (y vaya que si debe ser mágica) de José Manuel Carrasco, un director que nunca defrauda y que otra vez, ahora con “Lo posible”, demuestra que es capaz de sacar lo mejor de estas dos actrices, de un texto lleno de envidias y traiciones y del ínfimo presupuesto con el que cuenta la producción, que da para varias sillas viejas como escenografía y unos cuantos básicos de El Rastro por vestuario. ¡Ah! Y dos micrófonos.

lo posibleNeil Labute es un autor de hoy que cuenta historias de hoy, nada que no pueda pasar entre las cuatros paredes de cualquier sala de un edificio inhóspito de una gran ciudad. Bronte Producciones ha elegido dos historias cortas del autor, “Buena suerte (en persa)” y “Lo posible”. Dos textos que, aunque cuentan historias muy distintas, comparten su análisis de la rivalidad, la competitividad, el “trepismo” y la forma de alcanzar los objetivos sin pensar en los cadáveres que se puedan dejar en el camino. Vamos, la vida del siglo XXI. Si el espectador hace el esfuerzo de situar en el lugar de los personajes a personas de su entorno verá que no difieren mucho de algún indeseable o de algún pusilánime que se haya cruzado en su día a día.

La propuesta que ofrece la Bronte Producciones empieza con unos minutos de fuerza escénica que actúan como imán hacia el patio de butacas, atrapando al espectador y generando curiosidad por saber qué va a ocurrir sobre las tablas. Ese principio queda fuera de los textos de Labute. Se intuye que el comienzo es un trabajo de mesa y de prueba y error tanto por parte del director como de las dos actrices, que de forma muy descarada y sin complejos (ellas deben ser muy así también en su vida, mis disculpas si me equivoco) anuncian que aquello es un montaje gamberro y fuera de convencionalismos. Eso es iniciar una función arriba, bien arriba lo que obliga a que el resto del montaje siga a ese nivel para no decaer. Y lo consiguen, a pesar del alto listón que se marcan al principio. A ello contribuyen, sin titubeos, Noemí Climent y Rut Santamaría, dos actrices versátiles que hacen un viaje sinuoso por los sentimientos de los personajes y llegan al destino sin despeinarse y sin olvidar nada en el camino.

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