El divorcio de Fígaro

¿Quién no ha oído hablar de “Las bodas de Fígaro”? Fígaro se casó y ahí quedó la cosa, en lo operísitico, pero la vida del protagonista y su esposa siguió un sendero en la cabeza de Odon Von Horwarth, autor de “El divorcio de Fígaro”. Un texto que, aunque ambientado en los años 30, podría estarse viviendo actualmente por muchas de las cosas que en él se cuentan. No hemos aprendido nada en los últimos ochenta años si volvemos a caer en errores similares. Fígaro y su esposa van tras los pasos de sus señores, los Condes de Almaviva, y fielmente les acompañan en su destino que hará cambiar el de la pareja protagonista hasta llegar a que suceda lo que todos ustedes imaginarán dado el título de la obra. En el trayecto, Alfonso Lara, director y protagonista de la función, ha enriquecido a los personajes con gestos y actitudes que los ponen a todos ellos en situaciones inusuales que permiten la carcajada del público. Pero no todo es comedia en “El divorcio de Fígaro” porque el verdadero trasfondo está en el dolor y la destrucción que supone el desarraigo de la tierra impuesto por la barbarie ideológica y política que toca directamente a los protagonistas. Espléndido elenco actoral en el que está muy complicado destacar el trabajo de unos sobre otros. Calificación: Comprobación de que la historia, si no lo evitamos, puede ser cíclica.

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