Lo esencial es invisible a los ojos

Dos jóvenes y un viaje con rumbo incierto aunque desde el principio queda claro que uno quiere ir al norte y el otro, al sur. Un carretera desolada con un sol aplastante de verano y toda una vida por recorrer juntos haciendo autostop, tomando riesgos por conseguir la meta. Así comienza la historia de Celia y Santi, los personajes protagonistas de “Lo esencial es invisible a los ojos”, frase repetidísima de “El principito”, que sin duda resume a qué se reducen las necesidades espirituales del ser humano.

Celia está interpretada por la actriz Reme Gómez, contundente sobre el escenario que defiende a esa mujer inspiradora de novelas, a pesar de su vida cotidiana. A su lado, Santi Giner encarnado por Eduardo Ferrés, un joven actor lleno de verdad que se pone en la piel de un joven escritor reconocido, pero a la vez vilipendiado en un país en el que la libertad de expresión va perdiendo el lugar que un día ocupó. Reme y Santi van afrontando el tiempo y el éxito de formas muy distintas donde la realidad social va pasando factura a su historia de amor.

Una realidad social que por lejana que parezca está inspirada en distintos hechos ocurridos en el mundo y que el autor y director de “Lo esencial es invisible a los ojos”, Jota Linares, ha querido plasmarlo sobre el papel para llevarlo, ahora, al escenario de Nave 73. De esta manera, Linares se compromete con la sociedad y sirve de altavoz a todos esos hechos que han atacado la libertad de expresión de una u otra forma; denuncia esas situaciones para tratar de abrir los ojos al espectador y evitar que se repitan. Se podría decir que el montaje peca cayendo en algunos lugares comunes tan explotados por el cine americano (y por el español, en muchas ocasiones) como es la adicción al alcohol. Es una forma de expresar un desanimo, es cierto, pero quizá ahí también es necesario innovar. Sobre el público diré que había un señor delante de mí que me robó muchos minutos de atención a lo que sucedía sobre el escenario. Estaba tan metido en la historia que, en silencio y sólo con gestos, indicaba a los actores qué decisiones debían tomar, a su entender. Eso sí, tenía una capacidad desmesurada de adaptación a las actitudes de los personajes que le hacía cambiar de un gesto al contrario en pocos segundos tratando de evitar que los personajes cayeran en el abismo. Calificación: Jóvenes, talento y denuncia.

 

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