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Bansia

Bansia” es la mezcla de Bankia y ansia, vamos, la unión de dos conceptos muy oídos y sentidos desde que la crisis ocupó nuestras vidas. El actor Carlos Pontini ha querido plasmar en esta obra de teatro, escrita por él mismo, la difícil realidad de todas aquellas personas que han tenido que enfrentarse a un banco que les ha dejado sin vivienda y que, en muchas ocasiones, no se queda sólo ahí porque además tienen que seguir pagando la parte del préstamo que el precio de su vivienda no ha cubierto. El autor conoce muy bien de lo que habla porque ha sufrido en sus propias carnes una situación similar en la que además ha intervenido la Administración Pública. Un cóctel explosivo.

A pesar de todo, Pontini ha sabido darle un tono de humor a la tragedia que relata, reforzado si cabe por la dirección de Juanma Cifuentes que proporciona varios momentos de carcajadas al público. La trama entrelaza la desesperación de la víctima de la hipoteca, dispuesto a hacer lo que sea para salir del atolladero, con la vida del presidente de la entidad financiera, enchufado y enchufista, que abusa de su poder, ejerciéndolo sobre una nueva directora de la oficina del banco, precisamente de la sucursal donde el pobre hipotecado tiene su préstamo. Aparte de ser una comedia, “Bansia” recala en el thriller y hasta en el musical gracias a las simpáticas coreografías al son de unas divertidas letras de canciones que introducen en la trama y traen y llevan al espectador por ella. “Bansia” es reflexión desde el humor y pone en evidencia, por si aún no hemos caído en ello, que los ciudadanos somos del tamaño de un guisante al lado de las monstruosas, en el más amplio sentido de la palabra, entidades financieras.

Calificación: Mezcla de estilos teatrales sobre un único drama que sufren más personas de las que imaginamos.

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Chapero

No es que el espectador con este título pretenda ver un cuento de Dickens sobre el escenario, obviamente, no. Esa palabra, chapero, acerca a lo que va a suceder sobre las tablas, pero en realidad ese título aproxima sólo a una referencia que el autor, Antonio Jesús González, ha adoptado para hablar de los conflictos humanos, la necesidad de saber cuáles pueden ser los límites de cada uno, la forma de relacionarse con los demás, el sufrimiento de toda madre y las válvulas de escape que cada persona busca para liberar las cargas emocionales que conllevan los problemas.

Chapero es también una demostración del buen hacer interpretativo de los actores Salvador Bosch, dando vida con soltura a ese joven pícaro lleno de inocencia en el fondo, Marcos Castro, en ese hombre respetable que necesita salir del corsé que le oprime, y de Irene Calabuig, una actriz que sorprende por sus solidez sobre el escenario y su potencia a la hora de interpretar a esa madre presa de su vida y de su pasado y a la que, como actriz, no deberíamos perder de vista. Y todo bajo la batuta de Pedro Casas que ha sabido aprovechar las cualidades de sus actores.

Después de ver Chapero todos aquellos que fueron hasta la Sala AZarte atraídos por el título saldrán satisfechos, mientras que los amantes del teatro aplaudirán entregados por ver que en este montaje hay mucho más que el tirón comercial que pueda tener una simple palabra.

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