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Todo irá bien

Que la juventud está atravesando por un mal momento, es algo de lo que todos somos conscientes. Quizá es algo endémico y que se transmite de generación en generación porque la juventud siempre pasa por dificultades. “Todo irá bien” habla de la historia de cuatro jóvenes a cual más tocado. Cuatro jóvenes pertenecientes a la clase obrera del siglo XXI, es decir, a esa clase obrera que puede ser vapuleada en cualquier momento y pasar de clase obrera a clase parada en cuestión de minutos. A partir de ese acontecimiento, del desempleo, José Manuel Carrasco crea la historia de cuatro personajes con sus necesidad, sus fobias y sus filiales que ante todo demuestran una infelicidad que degenera en patología. El propio autor mantiene que son personajes de barrio, de su barrio. Personas que circulan a su alrededor, que existen y cuyos comportamientos son trasladados a un escenario. Esto es realismo en vena. Vamos, que muchos se podrán sentir identificados con la calamitosa vida que llevan los personajes (ojalá que sean los menos posibles).

Cartel de "Todo irá bien" en La Trastienda

Cartel de “Todo irá bien” en La Trastienda

 Cuatro actores, Pilar Bergés, Juan Dávila, Laura Barceló e Ignacio Mateos que encuentran el punto exacto de sus interpretaciones , tanto es así que, por ejemplo, Juan Dávila parece que es un aficionado que pasaba por allí y le han pedido que interprete el papel de un chaval con media neurona que llega hasta donde llega, es decir, a las necesidades más básicas. Me la colaste, Juan. O la propia Pilar Bergés que aguanta el tirón de estar en escena durante toda la función y viviendo cada palabra que dice. Gran sorpresa. Laura Barceló interpreta a esa amiga que está ahí pase lo que pase y a la que la actriz da un toque de tranquilidad, de equilibrio que ayuda a marcar el camino de su gran amiga. Fabulosa en su última escena. El comodín del montaje es el personaje que interpreta Ignacio Mateos, él se vi envuelto en esto sin querer y afronta la situación movido por el amor que le ciega y no le deja ver más allá. Todo esta mezcla de emociones se condimentada con una buena dosis de humor y algún que otro pellizco en el sentimiento.

Calificación: Para vivir la realidad más profunda con aires de comedia de situación.

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Adiós Presidente, adiós

Que Pilar Gómez es una excelente actriz es algo que podrán confirmar todos aquellos que la vieron en “Mejorcita de lo mío” y que ahora en “Adiós Presidente, adiós” deberían ratificarlo uno por uno. Es ella la que abre la obra de teatro y pone en contexto a los espectadores de la situación que va a desarrollarse durante los siguientes ochenta minutos. Esta es una labor nada fácil en un lugar como La Casa de la Portera y menos aún cuando se tiene que explicar cómo es la compleja vida presidencial. Y aquí es donde empieza el gran lío porque puestos a sacar a la luz intimidades, todas las del Presidente de un Gobierno lejano, o no tanto, irán saliendo, algunas servidas en bandeja y otras dispuestas a ser descubiertas por el espectador. Pilar Gómez conmueve porque a su personaje le tocan grandes suertes y peores desgracias, al menos así las vive, por lo que la compasión y el odio se alternan dependiendo de lo que salga por su boca. Ignacio Mateos es el Presidente. Pocos saben cómo son los presidentes en la intimidad, quizá no se alejen mucho del que nos nuestra Mateos en esta dramaturgia de Anna Costa, confirmando que los políticos son odiosos tanto en público como en privado. Y del personaje de Eduardo Casanova mejor no contar nada. Es la gran sorpresa de la función y este chico lo defiende adecuadamente, demostrando su talento y su valentía aunque le toque interpretar una escena junto a Mateos, en la que el Presidente demuestra toda su prepotencia, donde la repetición de la idea hace que la escena pierda algo de fuelle, pero que tras unos minutos el montaje recupera fuerza sin dificultad. Calificación: Una buena forma de conocer lo que se cuece dentro de un palacio presidencial porque al final las intimidades interesan a todos.

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