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Castigo ejemplar yeah

Si hubiera que buscar un heredero al género del surrealismo en el teatro entre nuestros coetáneos muchos dedos apuntarían a Iñigo Guardamino. Un autor con las ideas muy claras en cuanto a lo que quiere contar, que lleva las situaciones a extremos impensables para hacer recapacitar al espectador. En “Castigo ejemplar yeah” analiza la situación de los hijos en nuestro tiempo, los problemas de la educación, del consumismo, del estatus social y de cómo conseguir los fines a cualquier precio. La obra es una crítica a los peores ejemplos de la convivencia en sociedad que se transmiten de padres a hijos sin entender que ese es el camino equivocado para lograr un convivencia social pacífica. El matrimonio protagonista quiere salvar a su hijo a toda costa de los borrones que su retoño ha acumulado en el expediente escolar, sin preocuparse por encontrar la manera para cambiar las conductas de su hijo, sólo quieren que quede limpio. El matrimonio está interpretado por Natalia Díaz y Rodrigo Sáenz de Heredia. ¡Qué dos actorazos! Pura verdad en sus palabras en un texto nada fácil de interpretar que ellos llenan de naturalidad, de sencillez, de realismo en el surrealismo. Incluso en los giros más insospechados que tiene el texto, ambos actores están a la altura, no decaen, son esos padres que, aunque carentes de rigor ético, entienden que van sobrados de razón para defender lo indefendible. “Castigo ejemplar yeah” es un montaje que obliga al espectador a estar en constante búsqueda de la razón y de los paralelismos trazados junto a la realidad. Un ejercicio mental para localizar algunos de los fallos de la sociedad actual.

Calificación: Reflexión sobre la verdadera sociedad cohabitando entre los límites de la realidad.

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Vacaciones en la inopia

Flipé con “Vacaciones en la inopia”. Como se lo cuento. Y el resto de espectadores no estaban menos sorprendidos que yo. Hacía mucho tiempo que lo que se contaba desde un escenario no me impactaba tanto. No por lo que cuenta, que al fin y al cabo es el día de esta sociedad en la que luchamos cada jornada, sino por la forma con la que Íñigo Guardamino nos ha querido plasmar su visión de problemas como la política, la crisis, la lucha territorial, la religión y hasta el amor. No es un montaje fácil en el que el “jijí-jajá” esté servido en bandeja. Ni mucho menos. Hay que darle la vuelta a todo lo que ahí se expone para llegar al mensaje. Pero eso es lo bueno. Que el espectador tenga que estrujarse las meninges para entender algo. Lo otro, lo fácil está en otras propuestas que inundan las carteleras. Aquí, encima el espectador, a pesar del surrealismo que preside este montaje, se llega a sentir identificado con lo que se relata. No puedo dejar de hacer referencia al cuento de los elefantes africanos… chocante en pleno siglo XXI cuando ya hemos visto de todo en escena, pues aún así y a años luz, afortunadamente, del puritanismo de otros tiempos no me extrañaría nada que más de uno exclamase al verlo: ¡“Ave, María Purísima”! Calificación: Es una “pirada de pinza” de su autor, pero la transgresión en el teatro es más que necesaria para avanzar intelectualmente.

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10 noviembre 2013 · 12:18 pm