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Algo tiene la calle San Bernardo (2)

De nuevo la calle San Bernardo (y eso que yo pensaba que era aburrida la callecita) fue el escenario para otra de mis expericiencias veraniegas.

Otra vez con mi coche y otra vez a la altura de Espíritu Santo. Como siempre yo iba con mi musiquita cantando como en todos mis trayectos automovilísticos. Delante de mi coche, dos motoristas de la policía municipal. Semáforo. Se paran. Me paro. Y un picor irresistible en mi oreja izquierda me lleva a rascarme. Elijo  el dedo corazón para la acción (era el que tenía más a mano para hacerlo) y cuando termino de rascarme, uno de los policías municipales da marcha atrás con su moto y se dirige hacia mi ventana (otra vez la misma ventanilla, si ese cristal hablara). Al llegar a mi altura me hace un gesto con su mano para que baje la ventanilla y me espeta: «Disculpe, caballero -qué educación la de los policías de Madrid-, usted sabe que está prohíbido hablar por teléfono mientras se conduce, ¿verdad?«. Le respondo, bastante perplejo «sí, lo sé» a lo que me contesta que entonces si lo sé por qué iba hablando por teléfono mientras conducía.

Yo no daba crédito, no sabía por dónde me venía. Es verdad que siempre cargo con dos teléfonos, pero mi maravilloso bluetooth y el manos libres me han ahorrado muchas multas en estos últimos años. No tengo ya necesidad de ir sujetando el teléfono y conduciendo mientras hablo.

Le aseguré al policía que yo no iba hablando, él lo ponía en duda, hasta que ya le dije que mis dos teléfonos los llevaba en los bolsillos de mi vaquero y que era imposible haber dejado de hablar y guardarme el teléfono en el bolsillo mientras conducía.

¡Alucinante! El policía se alejó sin tener confianza en mis palabras… aún no he recibido la multa, pero todo se andará.

La única conclusión que saqué fue que el policía, al parar en el semáforo, miró por su retrovisor, me vio moviendo la boca (yo estaba cantando los grandes éxitos de mi coche) y a continuación miró mi oreja y vio como mi mano estaba a la altura de mi oreja con posición de ocultar el teléfono (¡me estaba rascando, señor!).

Así se las gastan los policías de Madrid.

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