Misántropo

Maravillados han terminado los privilegiados espectadores que ya han podido disfrutar de las pocas funciones que se han representado de “Misántropo” en el Teatro Español. De nuevo la creativa imaginación de Miguel del Arco aporta arte y claridad a un texto clásico de Molière, adaptado a nuestros días con un verso propio del siglo XXI, y lo hace otra vez rodeado casi al completo por el elenco de “La función por hacer” y “Veraneantes”. Se confirma, así, que Kamikaze Producciones es una auténtica simbiosis sobre el escenario donde todos aportan y nadie resta.

Israel Elejalde es el incomprendido, el apartado del mundo, el amargado con el mundo, es Alcestes, el misántropo por excelencia que quiere huir de las redes de la sociedad en la que se siente preso, pero que no deja de caer una y otra vez en ese entramado que le impide escapar. Tratando de transportarlo al mundo de lo simple está su íntimo amigo, Filinto, interpretado por Raúl Prieto, con esa singular forma que él tiene de dar vida a sus personajes y que aquí está contenida, acertadamente, para no caer en la exageración. Manuela Paso es una actriz increíble y una vez más así lo de demuestra. Como Miriam Montilla, discreta como pocas sobre un escenario y aportando sintonía al conjunto. Pero sin duda las dos grandes revelaciones, o mejor dicho, las dos grandes confirmaciones interpretativas de esta producción son Bárbara Lennie y Cristóbal Suárez. Ella, aguanta el tirón de ser la causante de los mayores males del Alcestes, defendiendo ese difícil personaje en el que tiene que dar la justa ración de sentimientos al resto de amigos y a la vez buscar el arrepentimiento por haber dado demasiado. La Lennie no puede tener más verdad en cada palabra y en cada gesto. Él es Oronte, un bufón de nuestros tiempos, uno de tantos que merodean por los círculos de amigos consiguiendo sus seguidores y sus detractores. Cristóbal Suárez, a través de Oronte, aporta uno de los momentos, hay muchos más durante la función, en los que hay que quitarse el sombre ante Miguel del Arco y su clarividencia escénica combinada con la precisión a la hora de llamar la atención del espectador, aportando sin duda la distinción que le caracteriza.

Calificación: Teatro, buen teatro, grandes del teatro.

 

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