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El Teatro Prosperidad invita a los desempleados a sus funciones

El recientemente inaugurado Teatro Prosperidad de Madrid quiere contribuir al acercamiento de la cultura a todos los ciudadanos, incluso iniciando campañas que permitan que aquellos que, por causa del paro no pasan en este momento por una buena situación económica, puedan acudir a ver sus funciones sin que les suponga un desembolso en la taquilla.

Desde el viernes 22 de enero de 2010, y hasta que la crisis vaya remitiendo, el Teatro Prosperidad reservará aproximadamente un cinco por ciento de su aforo para las personas que se encuentren desempleadas. Tan sólo tendrán que acreditar en la taquilla esa situación para conseguir asistir a las funciones de esta sala de forma completamente gratuita. Las funciones infantiles también gozarán de este privilegio para que los hijos de personas desempleadas disfruten de montajes teatrales creados a su medida.

La dirección del Teatro Prosperidad recomienda reservar previamente por teléfono (91 510 01 89) las entradas solidarias, debido a que en cada función está restringido el número de plazas para este fin.

Esta sala ha venido programando montajes con muy buena acogida del público como Homenaje a los Hermanos Álvarez Quintero,  función con la que se abrió el telón de este teatro, La dama de las camelias, que sigue en representación dado el éxito alcanzado, o Tan sólo dime una cosa…, dirigida por Miriam Díaz-Aroca.

Desde Efecto Madrid impulsamos las campañas solidarias que además estén enfocadas a la transmisión del acervo cultural a través del teatro, por el que desde aquí nos desvivimos.

Teatro Prosperidad

Calle Mantuano, 29

Tel.: 91 510 01 89

Metro: Prosperidad/Cruz del Rayo

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El agapornis solidario

El comedor para desempleados inaugurado en Móstoles

El comedor para desempleados inaugurado en Móstoles

Durante los últimos años cada cual ha demostrado su solidaridad con el prójimo como ha podido o como ha sabido. Lo más común era colaborar con niños del tercer mundo a través de una de las ONGs que se reproducían cada día como setas. Se cuestionó mucho en su momento si el fin justificaba el medio.

Ayudar  a los demás debería ser la máxima más ensalzada de todo ser humano. Habrá a quien no le salga innato. A ese, deberían enseñárselo en la escuela porque si no le sale es porque en casa no aplica. Seríamos todos mucho más felices.

Ayudar a quien lo necesita -y ya no sólo en cuestiones económicas- provoca una enorme satisfacción difícil de explicar. Sin ir más lejos, los médicos y los abogados saben mucho de eso. No hay reunión social a la que acudan que no salgan del evento con una pregunta formulada por alguno de los invitados que aprovecha la ocasión de tener a un ‘picapleitos’ o a un ‘matasanos’ a mano para lanzar la cuestión que llevaba meses planteándose y que le tenía en un sinvivir. Y el médico o el abogado sabe -o mejor dicho, aprende- que eso es algo que va unido a su profesión como la respuesta a esa pregunta va unida a la satisfacción de haber resuelto una duda a quien tenía la inquietud. Ahí se demuestra la solidaridad.

En tiempos de crisis es importante ser solidario. Parece que un espíritu de colaboración con el prójimo nos inunda más en esto momentos. Es como si fuera Navidad todo el año, pero sin el consumo energético de las luces y el trajín de las compras, que no están los bolsillos para fiestas. Las empresas no suben los sueldos a sus trabajadores y lo hacen porque así mantienen los puestos de trabajo. Eso es solidaridad, no dejar al empleado sin su actividad remunerada. Los bancos congelan la devolución de los depósitos de sus cliente durante dos años. Eso es solidaridad porque si no, no lo cobrarían nunca -quién sabe si dentro de dos años lo cobrarán-. Una empresa de restauración, Taberna Bocatín, ha decidido dar un menú gratuito durante todo el mes de marzo a los desempleados que provistos de su cartilla del INEM y su DNI demuestren que están sin trabajo. Eso es solidaridad, crear campañas de marketing que al menos favorezcan a quienes lo necesitan. En Móstoles se ha puesto en marcha un comedor para dar de comer a diario a las familias que tengan más de dos miembros en situación de desempleo. Eso es solidaridad demostrada por quien quiere ayudar a su vecino.

Esa es la solidaridad que nos aporta la época de crisis. Se confunde solidaridad con lo que realmente lo es y viceversa. Hay quien se sube al carro en estas épocas y aprovecha el tirón en su beneficio. Y hay quien realmente da lo que tiene para ayudar a quien lo ha perdido. ¿Sabremos distinguirlo y por ende apreciarlo? Las buenas acciones nos abren el corazón a la felicidad. Mi ‘chache’ Kiko me recetó el otro día un agapornis para tener compañía en el camino hacia la felicidad.

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