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Kathie y el hipopótamo

Vargas Llosa es de esos autores que o levanta pasiones o genera apatía ante su obra. Toda una virtud poder enfrentar de tal manera al público. Sin embargo, en “Kathie y el hipopótamo” el público, ya sea de un bando o del otro, tiene elementos que le puede hacer salir contento de la función porque Magüi Mira ha dirigido la obra, nada sencilla, incluyendo recursos escénicos varios para deleite del espectador. También está Ana Belén, que siempre es un aliciente… aunque bien pensado genera ante el público la misma reacción que Vargas Llosa. Si algo se le puede achacar es que está un pelín sobreactuada, pero puede ser que se haya convertido ya en una característica de su interpretación. Además, canta una selección musical de chanson française muy bien traída y agradable en tardes de invierno. Para decir que Ana Belén está al completo nos faltaría un desnudo… y el texto da juego para ello, pero es que eso ya debe ser que queda para otras actrices. La atenta mirada de su hijo, David San José, que ejerce de pianista en esta función, no se despega de su madre en ningún momento. Admiración absoluta la suya. El resto del elenco, Eva Rufo, Ginés García Millán y Jorge Basanta, son espléndidos actores y aquí lo demuestran porque traen y llevan al espectador en el tiempo y permiten que se les pueda seguir. Los recursos de Magüi Mira han influido mucho en la comprensión de este montaje que tiene poca facilidad para su puesta en escena. Calificación: Entretenida.

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Diario de un loco

La lucha por conseguir el amor y la lucha por sobrevivir dignamente en el trabajo son los dos ejes principales de “Diario de un loco”. Su protagonista, José Luis García Pérez, da vida a un alto funcionario de la burocrática Rusia prerrevolucionaria. Pero cuando se trabaja y lo mismo da, a veces, que sea en la Administración Pública que en una empresa privada siempre hay alguien ahí para fastidiar la felicidad laboral, si es que existe. Y el protagonista, lo sufre, lo sufre mucho, pero le compensa las alegría que le proporciona el amor platónico… si es que puede llegar a satisfacer de alguna manera un amor inalcanzable, pero la ilusión siempre ayuda. García Pérez no puede disimular que se siente feliz con este personaje y eso lo irradia al patio de butacas. Quizá es porque sabe que puede llegar a ser lo que quiera, lo más alto dentro de la sociedad en la que le tocó vivir. Se propone ser el Rey de España y se convierte en Fernando VIII. A esto contribuye la mano mágica de Luis Luque, director de “Diario de un loco”. Él es el causante de crear un ambiente onírico en el que se abren las ganas de quedarse a vivir porque con pocos elementos hace que el espectador recorra distintos enclaves y lo que es más difícil que se las crea. Qué suerte tiene Luque de ser un mago de teatro y se ha juntado con José Luis García Pérez que es un médium que cuenta lo que los personajes transmiten desde el más allá. Calificación: Sentirse en un sueño es posible en el que además se cuenta la historia de un loco apasionado.

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Ranking teatral del 28 de septiembre al 4 de octubre

El number one de la semana es para

LO QUE SÉ DEL AMOR

 Aquí el que más y el que menos se cree en posesión de la verdad en lo relativo al amor… ¡ay, ilusos! Pues no nos queda nada por aprender en las artes del intercambio de sentimientos. Eso sí, si lo que quieren es tener una orientación y recibir una buena lección, “Lo que sé del amor” se lo explica todo clarito. Un circo que llega al teatro El Sol de York para enseñar al público cómo enamorarse y no morir en el intento. Este montaje no sólo instruye, si no que, en muchos casos, ayuda a identificar los terribles errores cometidos por todos los que alguna vez sucumbieron al amor. El manejo del lenguaje a través de los juegos de palabras y de las situaciones imposibles, pero hilarantes, tan propias de su autor, Antonio Zancada, facilitan la comprensión por parte del alumnado. Las lecciones son impartidas por expertos profesores llenos de vivencias amorosas y vacios de cordura a los que dan vida en la parte musical, los Funkin Donuts, y el actoral, Guadalupe Lancho, todo un derroche de voz, fuerza y explosividad, Carmen Barrantes, a la que nos la creeríamos aunque hiciera de ameba, y Gema Zancada, que su descaro sobre el escenario es digno de que se le cree un género teatral. Antonio Zancada ha decidido encargarse de poner orden y de ser el maestro de ceremonias al más puro estilo dictatorial. El chico tiene porte y tablas para eso y mucho más. La risa está garantizada con esta revista musical pop, como a ellos les gusta llamarla, donde la comedia se desborda y la música da potencia al surrealismo que se afronta en “Lo que sé del amor”. Calificación: DÉJENSE DE CONVENCIONALISMOS PORQUE HA LLEGADO UN MUSICAL FUERA DE ÓRBITA.

Le sigue a la zaga

LA CAMA

¿Puede haber una obra de teatro en la que no sólo la protagonista sea la cama si no que los protagonistas sean los espectadores y las situaciones que ellos podrían vivir en una cama? Puede haberla, de hecho existe y se puede ver en El Sol de York. No se podría calificar como obra de teatro ya que la constante interacción con el público les da el protagonismo a los espectadores, eliminando la cuarta pared y el peso del escenario, elementos básicos en toda obra de teatro. Aquí los actores son malabaristas de los sentidos. Juegan con las percepciones sensoriales para marcar la piel de los asistentes a través del tacto, de la respiración, de la vista y de los sonidos conjugando así un entorno que nos acerca a los recuerdos más entrañables y nos aleja del estrés. Una propuesta para relajarse y disfrutar. Porque la compañía Teatro en el Aire escapa del teatro convencional y lleva al público a un profundo sueño, en el que el espectador estará despierto, en el lugar donde mejor se puede soñar: la cama. Calificación: UN SUEÑO DE MONTAJE.

Y, por desgracia, algo más alejado en posiciones

ROBERTO ZUCCO

 Roberto Zucco es potencia, es fuerza, es terror, es dolor, es congoja. La vida de un joven que sembró el pánico entre Italia y Francia no podía aportar otras sensaciones sobre un escenario y Koltès lo escribió para que no faltara ningún elemento propio del pánico y la tensión. La puesta en escena que Julio Manrique ha dirigido, y que fue todo un éxito en Barcelona, al llegar a Madrid parece que ha perdido fuelle. Desde luego, no será por el excelente, impecable y admirable trabajo de Pablo Derqui. Un gran actor que habrá que seguir muy de cerca porque en Roberto Zucco no lo tenía fácil y ha retorcido al personaje más aún de lo que ya de por sí lo es. La interpretación de Derqui dista un abismo de la que realiza Laia Marull. Interpreta a una mujer desquicada por su conservadurismo, pero tan exagerada en su sufrimiento que pierde realismo, no es nada creíble; también da vida a una prostituta, sosita, con desgana y forzada. Quizá es que tenemos muy estereotipado el personaje de mujer de la vida, pero su interpretación no entra ni dentro del estereotipo ni dentro de los rostros que plagan la calle Montera de Madrid. La escenografía favorece el ambiente opresor que requiere el montaje. Calificación: INTERESANTE PARA CONOCER LA HISTORIA DE ROBERTO SUCCO AUNQUE RECORTADO SU DURACIÓN Y CON ALGÚN CAMBIO DE CASTING GANARÍA MUCHO.

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7 octubre 2013 · 4:30 pm

Ranking teatral semana del 21 al 27 de septiembre

Son muchos los eventos teatrales que esta semana podrían estar en este ranking, aunque sólo tres los seleccionados.

Situamos en el TOP a

DOS NINAS PARA UN CHEJOV

 Los actores siempre andan a cuestas con la verdad y la necesidad de que los personajes que interpretan tengan mucho de esto, de verdad. Las dos protagonistas de “Dos Ninas par un Chejov”, Miriam Montilla, a la que ya hay quien la define como la Glenn Close española, y Andrea Trepat, que no sé si la comparan con alguien pero que tiene unos ojos difíciles de comparar y que dan ganas de nadar en ellos, pues bien, Miriam y Andrea no es que tengan verdad, no, es que parece que las contemplamos a través de un agujerito en la pared imaginaria donde transcurre esa situación que en cada representación se hace realidad. María García de Oteyza ha coescrito la historia y ha dirigido a estos dos cañones interpretativos, removiendo por dentro al espectador y poniendo en evidencia algunas de las carencias propias de la profesión de actor: la solidaridad y la búsqueda del personaje a través del sentimiento propio. Remuévanse en la silla de la Sala La Belloch donde sólo se necesitan dos actrices, que lo son por méritos propios, para conseguir que se sientan como tantos y tantos actores cada día a la espera de una oportunidad. Calificación: DESPUÉS DE VERLA PUEDE EXISTIR UN ANTES UN DESPUÉS EN LA FORMA DE ENTENDER EL TEATRO.

Le sigue muy de cerca

EL VENENO DEL TEATRO

 El título lo dice todo. Cualquier profesional de la escena o aspirante a ello debería ver esta lección magistral de lo que significa el arte de ACTUAR en todas las acepciones de la palabra. Las interpretaciones de Miguel Ángel Solá y Daniel Freire son brillantes. Solá recuerda a un “Hannibal Lecter” en una vertiente de antropofagia teatral llevada al extremo. Freire se convierte en un perfecto “transformista emocional”. En este thriller escénico se pone de manifiesto la delgada línea que separa la realidad de la ficción y cómo utilizamos el artificio en nuestras vidas, e incluso, en la muerte… Y para los que busquen verdad en el teatro, aquí la tienen servida en bandeja, ¿no será una crítica de su autor a la exigencia del espectador por creerse a los personajes? Pues que tomen nota directores y actores porque necesitamos verdad, pero… ¿a cualquier precio? Magnífica iluminación y ambientación claustrofóbica. Bravo a su director, Mario Gas, y al autor de la obra, Rodolf Sirera. Calificación: OBLIGATORIA.

Y sin remedio en la cola está 

 MARRANADAS

 Se confirma. Una reconocida trayectoria en el mundo teatral europeo, mundial y hasta universal no evita caer en la creación de un rotundo fracaso. Haber actuado en la Ópera de la Bastilla o en el Teatro del Chatelet, ambos en París, o haber puesto en escena espectáculos bajo el acogedor manto de la afamada y reconocida compañía Comédie-Française o, incluso, haber recibido un Premio Molière, que muchos lo quisieran, no es garantía infinita para todos y cada uno de los trabajos de un actor como Alfredo Arias. Él ha conseguido todos esos méritos y más, pero que en su montaje “Marranadas”, que estos días se termina (¡Dios existe!) en el Matadero de Madrid, ha conseguido llegar al público, pero por la parte negativa dada su permanente monotonía y su falta de transmisión de emociones, a pesar de que el símil que propone la historia que cuenta podría remover conciencias. Y es que si el tono es constante a la hora de expulsar un texto y además el gesto facial se tapa con una gran variedad de máscaras es imposible que el espectador pueda llegar a percibir algo que vaya más allá de un zumbido lineal durante más de hora y media. Hay quien aprovechó ese rato para dormirse la siesta, conté unos cuantos, y otros pensamos en lo que nos faltaba en la nevera y debíamos comprar al día siguiente porque esa tarde ya la dimos por perdida y no pudimos hacer la compra. Es tan difícil dirigirse a sí mismo y encontrar el punto que haga vibrar al espectador, y ojo que algunos lo consiguen, pero no es el caso de Alfredo Arias en “Marranadas”. Calificación: APROVECHEN MEJOR SU TIEMPO Y NO DEJEN QUE SE VACÍE SU NEVERA.

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El montaplatos (por Animalario)

La compañia Animalario, y quizá debería personificarse en la figura de Andrés Lima, ha reinventado a Pinter. “El montaplatos” es una obra del literato británico que encarnada por Guillermo Toledo y Alberto San Juan adquiere un espíritu distinto, un acción más movida y un sentido del humor difícil de imaginar en otros montajes de este título quizá conseguido gracias a sobrepasar ligeramente la frontera de la naturalidad para llegar a la exageración, lo que parece que se está convirtiendo en una marca de la casa en Animalario, aunque sin duda saben acotarlo para que no llegue a molestar.

Este texto no es fácil, vivir con el absurdo, expresarlo y hacer comprender al público qué es eso necesita de cierto arrojo. Si la versión se adapta de tal manera que parece que los personajes podrían haber viajado en el metro con nosotros esa misma mañana, la tensión se relaja en el patio de butacas y el público entra sin dificultad. Y viene bien la facilidad para relajarse porque una función así necesita mucho relax.

La sala 2 de las Naves del Matadero se ha transformado para la ocasión y la escenografía del montaje envuelve todo el espacio. Se puede decir que todo está inventado pero aquí, a pesar de todo, el espectador se sorprende ante el primer encuentro con el lugar. Y a partir de ahí llega la oscuridad, la luz y el espacio sonoro que participan activamente de esta propuesta que, aunque cuente con imprevistos como que se rompa un somier o que San Juan tropiece en plena carrera hacia lo desconocido, encajados como si estuvieran ensayados, hacen de este “El montaplatos” un montaje distinto a cualquier idea preconcebida sobre esta apuesta.

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La caída de los dioses

O como dice mi amigo Manu “El resbalón de los dioses”. Y es que no se puede pedir a un espectador de teatro que conozca detalladamente una película para poder empezar a entender una obra de teatro. No, no y no, ni se puede ni se debe. Vale que sea una versión de la película homónima de Visconti, pero que eso sea la excusa, no la base.Los montajes teatrales tienen que ser autosuficientes y satisfacer las peticiones del público que siempre trata de salir con regusto agradable de toda función.

El descanso de “La caída de los dioses” en el día de su estreno fue “La huída de los humanos”. Periodistas, directores de escena, actrices, maestros de interpretación y un largo etcétera hicieron mutis por el foro del Matadero aprovechando que la larga obra daba un respiro. Y fue una pena porque la segunda parte tiene los momentos más salvables de esta función estéticamente llamativa, pero que se pierde en vericuetos de dirección y de algunas interpretaciones. Y con ello no me estoy refiriendo a Belén Rueda que, aunque en cine no me termina de llenar, en “La caída…” me sorprendió ni me refiero a Fernando Cayo que es un actor de los pies a la cabeza ya lleve alpargatas o porte una corona ni a Alberto Jiménez que con su aire de tío bonachón siempre consigue crear personajes reales.

Si el teatro contemporáneo (o moderno, llámenlo como quieran) es que Pablo Rivero enseñe el culo en escena, entonces “La caída de los dioses” es una obra muy moderna. El mismo Pablo Rivero que, a las órdenes de la versión, interrumpe la función y pide comprensión al ficticio director de escena  (y de forma extensiva y tácita se lo pide al público) ya que está interpretando su primera obra de teatro. ¿Recuerdan la versión popular y oficiosa del pasoble “Monolete”? “Manolete, Manolete, si no sabes torear… pa’ qué te metes”. Pues eso, o se arriesga sin pedir comprensiones que valgan o se ven los toros desde la barrera.

Tomaz Pandur, director de la función, ha dado mucho que hablar, en los círculos teatrales madrileños, sobre “La caída de los dioses” aunque quizá el tema de conversación no era el que el yugoslavo más hubiera deseado. Limar asperezas de este montaje lo haría redondo, pero eso supondría una revisión desde el principio y de base de este montaje.

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