EL AMOR ES UN ROMPECABEZAS
Quizá, de entrada, pueda parecer que el tema de la relación de pareja está manido, toqueteado y desgastado en todas las expresiones artísticas que se dan sobre la faz de la Tierra. Es raro el autor que no se haya dirigido al mundo para hablar del amor. Pero el amor, y las relaciones de pareja más aún, tienen millones de aristas descubiertas y otras tantas por descubrir. Sara García Pereda, la autora de «Aire siempre de viaje», propone al espectador un juego a través de la construcción de un puzzle conformado por piezas desordenadas en forma de escenas que hay que ir componiendo durante el desarrollo de la función para poder llegar a recrear los momentos más importantes que ha vivido esa pareja, interpretada por Violeta Orgaz y el infatigable Juan Caballero.
A pesar de mantener al espectador en alerta durante toda la función para reproducir mentalmente el orden cronológico de la historia, desde el momento en el que se presenta al público el primer encuentro de los protagonistas, se comprende que el desenlace de la historia no puede ser otro que el que plantea la autora. Esa acción visionaria que tantas veces los demás tienen para identificar cómo se desarrollará una historia de amor, a veces es difícil de poder ser vislumbrada por sus protagonistas cuando se encuentran incursos en una cegadora pasión inicial, abocados a resultados como el que se muestra en este trabajo.
Pablo Canosales ha tenido una difícil labor en la dirección. Una composición teatral como esta conlleva un arduo trabajo tanto de dirección como actoral, evitando la anticipación, sin dejar ninguna fisura que permita entrever lo que aún está por ser contado. Además, el texto cuenta con momentos de verdadera poética difícil de interpretar con toda la verdad que requiere un escenario. Violeta Orgaz, a la que no conocía y me sorprendió gratamente su nivel actoral, y Juan Caballero, que sabe meterse en la piel de cualquier personaje que se le ponga delante, resuelven con solvencia la interpretación de esa poesía escénica que muestra el lado menos terrenal de los personajes. La propuesta de Canosales llena de frescura la obra y deja a la imaginación del espectador la recreación de ciertos aspectos casi como si de una novela se tratara.
Salí de la Sala Margarita Xirgu del Teatro Español pensando que la dramaturgia de «Furiosa Escandinavia» contiene los elementos propios de una dramaturgia vanguardista, en primera línea de creación de un ideario contemporáneo propio del siglo XXI. Han pasado varios días desde entonces y hago extensivo el calificativo de vanguardista no sólo a la dramaturgia, sino al resto del montaje. Porque cada elemento de esta pieza actual transmite vitalidad, energía renovada e ilusión por el futuro del teatro.


P. Mariano, ¿cómo surgió la creación de esta obra?
Las relaciones personales son casi tan complejas y variadas como personas hay sobre la Tierra. Pero hay un grupo que está claramente identificado y que se caracteriza por dejarse humillar hasta límites insospechados con tal de estar al lado de alguien, de quien está enamorado, que nunca le corresponderá, pero por quien no pierde la esperanza. Ese chico es Chema en 

