Mi relación con la comida

Si no conocen nada de la obra de la catalana Angélica Lidell quizá esta sea una buena oportunidad para saber de qué habla. Ella no protagoniza el montaje, sólo firma la autoría y sin duda no es poco. La polémica está servida en sus obras y aquí no iba a ser menos. “Mi relación con la comida” nace a partir del momento, quizá biográfico, en el que el único personaje protagonista, actriz de profesión, es convocada por un productor para comer en un lujoso restaurante para ver si su obra puede ser llevada a la escena. Mayor ofensa no se le podía hacer a la Lidell.

Cartel de "Mi relación con la comida"

Cartel de “Mi relación con la comida”

A partir de aquí surge el conflicto con la sociedad, con el capitalismo, con la globalización y, en general, con la vida del siglo XXI. La posición social es el punto de mira en el que se focaliza este texto, que fue Premio SGAE 2004. La autora muestra su odio hacia la señoronas que frecuentan restaurantes con cartas selectas, desprecia la actitud de las personas de clase social alta y crea reflexiones que se mantienen como un runrún en la mente del espectador. “Los privilegios generan odio. A más privilegios, mayor odio.” Pues es cierto. Pensamiento al aire, conocido por todos, pero que quizá nos lo tenga que poner la Lidell delante de los ojos para darnos cuenta. Y como este, hay otros tanto. También, no se puede negar, hay muchos pensamientos excesivos, al límite de la realidad e incluso alejados de sentir común, pero forma parte de su manera de ser.

Esperanza Pedreño da vida a este personaje creado por Angelica Lidell

Esperanza Pedreño

Esperanza Pedreño defiende este montaje excelentemente. Un texto muy complicado al que Esperanza da ese punto de soberbia políticamente incorrecto que pilla desprevenido al espectador sin saber por dónde va a salir después de cada frase que pronuncia.

Calificación: Para reflexionar, para seguidores de la Lidell o para aquellos que sepan seleccionar la información y procesar la que más les convenga.

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Locuras cotidianas

Les juro que no sé cómo empezar a contarles lo que es “Locuras cotidianas”. Los datos evidentes es que es una obra del autor checo Petr Zelenka, adaptada y dirigida para el Teatro Lara por Carlos Be, que cuenta entre su elenco con actores tan televisivos como Pepa Rus, José Angel Trigo y Esperanza Elipe y otros curtidos en mil batallas teatrales como son Carmen Mayordomo, Alfonso Torregrosa, David González y Fran Arráez. La obra se representa en la sala grande del Teatro Lara. Para llegar hasta allí fui en metro. Caminé con una amiga hasta alcanzar la taquilla del teatro. En la cola saludé a unos cuantos conocidos, que acudían ilusionados también al estreno de “Locuras cotidianas”. Como faltaba un rato hasta el comienzo de la función, mi amiga y yo nos fuimos a tomar una caña. Nos contamos un poco de aquí, un poco de allá y salimos del bar. Llamé a mi madre a ver qué tal estaba. Le dije que iba a un estreno y no se enrolló mucho porque sabe que en la puerta de los teatros siempre me encuentro con amigos y conocidos. Dicho y hecho. “Actores, productores, directores y demás…” ¿les suena? Es de la canción “El cine” de Mecano, más de uno la habrá reconocido, ¿verdad? Mi amiga y yo conseguimos llegar a la butaca. Estaba la sala abarrotada. Saludamos, con la mano y marcando mucho con los labios las palabras que decíamos para que pudiera leerlos, a otro amigo que estaba sentado más cerca del escenario que nosotros. Se apagaron las luces. Empezó la obra como si de una película se tratara. Interés inicial.

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Reparto al completo de “Locuras cotidianas”

Fran Arráez está muy bien en su personaje, lo tiene pillado, sí. Me hace gracia su fijación por los agujeros. La Rus es muy grande. Carcajadas. Buen golpe de dirección ese de hacerle hablar más allá de la línea telefónica. Vaya, no veo a la Elipe muy segura, serán cosas mías. Uy, que hay algo aquí que no pillo. A David González no le noto tan brillante como nos tiene acostumbrados… serán cosas mías. Oigo a la señora de atrás que dice “no me entero de nada”. Menos mal, no soy el único. José Ángel Trigo sigue vestido y creo que no va a haber excusa para que se tenga que desprender de parte de su vestuario. ¡No le van a quitar la camiseta! Ah, no, falsa alarma. Se quita la camiseta sin motivo. Yo que me creía que iba a ser sorprendido por una vez. Ya tengo que meter esta obra en la categoría de “teatro de los pectorales” y mira que no quería. Carmen Mayordomo me encanta en su último personaje. No quiero hacer spoiler, así que sólo diré que está graciosísima. David González se trastabilla con su texto, ¡qué rabia! Un fallo lo tiene cualquiera. Este chico tiene archidemostrado que es bueno, así que no me preocupa. Será… la situación. José Ángel Trigo se trastabilla, también puede tropezar el chaval. Mira Puraenvidia, ¡qué buena escenografía ha hecho con cuatro cosas! Alberto siempre acierta. La Elipe también se trastabilla. ¡Umm! Tres es multitud. ¿No será que hasta a los propios actores les resulta difícil seguir la historia que tienen que contar y por eso se les va el personaje? Miro el reloj un par de veces. Se acaba la función. Aplaudimos. Los que me encontré ilusionados a la entrada, salen con cara de decepción y no son los únicos. A alguien más también le ha pasado y lo cuenta en Twitter. Corro a mi casa que las doce menos poco de la noche es una hora bastante intempestiva para salir decepcionado de un teatro y más si al día siguiente hay que madrugar de lo lindo.

Calificación: Inexplicable.

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El zoo de cristal

Esta dicen que es la obra más autobiográfica de esa deidad teatral que es Tennessee Williams. No hay duda, el autor nació en Misisipi, pleno sur de los Estados Unidos, y esta historia la sitúa en la misma área, al cobijo de una familia sureña formada por un madre con un carácter de rompe y rasga, un hijo que deambula por la vida con una única obsesión, el cine, y una hija con problemas de movilidad en una pierna que le hace cada vez más introvertida y que, sin duda, es una preocupación para una madre que acaba de sufrir las consecuencias de la gran crisis del 29 y de la nefasta elección de un marido inapropiado. El conflicto está servido.

La madre sólo quiere un buen futuro para su hija, la más indefensa de la familia. Y a partir de aquí las conjeturas, las ideas infundadas y una cabeza llena de ilusiones y fantasías que no hacen más que dificultar la situación. Tennessee Williams puede ser que quisiera hablar de algún momento de su vida, pero sin duda lo que narró en “El zoo de cristal” es el estallido del producto ficticio generado por la fábrica de los sueños que es Estados Unidos. El sueño americano que salta por los aires cuando un mínimo detalle, con el que no se contaba de entrada, desmorona el castillo construido sobre la nada. Y quién es el culpable del desaguisado, ¿el Estado por vender la moto, que luego se marcha y te deja con el problema, o el pobre ciudadano que confía en lo que le cuentan y sufre las consecuencias de que la realidad no es como se la han contado? Una pregunta tan actual como repetida a lo largo de la Historia.

Francisco Vidal dirige esta versión del drama de Williams, que huele a clásico porque no le queda más remedio. Este montaje o se adapta al siglo XXI o siempre tendrá ese sabor que, en ningún caso, está de más a no ser que se sea un moderno exacerbado. Vidal juega con las palabras, con los movimientos, con las luces y con el gesto de los actores. Hay mucha intención en cada movimiento de los cuatro protagonistas. Silvia Marsó encabeza el cartel.

Hablando del cartel, está creado a la antigua usanza, fotografía a mayor tamaño de la primera actriz y con menor envergadura las del resto de actores. Pasa lo mismo en el saludo final, algo que cada vez se ve menos y que no está mal recordar de vez en cuando, aunque los tiempos dicen que no hay que abusar y más siendo todos actores jóvenes. A lo que iba, la Marsó está espléndida. Miren que no me convenció del todo en “Yerma” y lo de “Capitalismo. Hazles reír” no fue culpa suya e iba yo al Fernán Gómez con ese resquemor. Fuera miedos porque aquí está en su personaje y demostrando todo su colorido interpretativo.

Silvia Marsó tiene por delante un gran personaje en el que demuestra todo su poder interpretativo

Me quedo con su gesto (hablaba antes de los gestos de esta función) en el momento clave de la función, cuando su castillo de naipes se viene abajo. La sorpresa le sale de dentro. Tengo esa cara clavada en mi cabeza. Pero además ríe, hace reír, se impone, llora y a alguno seguro que le hace llorar. El personaje de Carlos García es el generador de ilusiones, de esperanzas, de alegrías, pero también genera el estallido, la ruptura. Sabe mantener el interés para aumentar ese deseo y muestra la cara de la cruel realidad cuando le ve las orejas al lobo y afronta un acto de valentía que defiende con gran solvencia en la interpretación.

Reparto al completo de “El zoo de cristal”, dirigido por Francisco Vidal

Pilar Gil es la fragilidad, la indefensión, la depresión por no tener futuro y así lo plasma en esa pobre chica. Es el reflejo de la inseguridad, el miedo y el sometimiento a esa madre todopoderosa. Y Alejandro Arestegui sabe recibir los golpes a pesar de que su personaje aporta todo lo que está en su mano para mejorar la situación. Pone en pie sobradamente el respeto a una madre que no reconoce sus esfuerzos y refleja fielmente los desaires de desaprobación de cualquier hijo hacia las imposiciones de sus progenitores.

Calificación: Buena propuesta para disfrutar de un clásico con alto nivel actoral.

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No hay papel

El problema del paro es el motor de este montaje escrito por la actriz Beatriz Bergamín que lo protagoniza junto a su compañera de fatigas laborales Ángeles Martín. La profesión de actor ha sufrido un gran mazazo en lo que a ocupación laboral se refiere. Están acostumbrados a bandearse en la cuerda floja, pero lo de los últimos años es ya una cuestión de supervivencia. Beatriz y Ángeles necesitaban sentirse vivas sobre un escenario y se pusieron de acuerdo para montar este texto en el que, Bergamín, aprovecha el filón de su desempleo como actriz para denunciar un destacado número de desigualdades sociales que han aflorado gracias a esta crisis.

Se trata de teatro-denuncia. Teatro que contrasta la realidad del dispendio de parte del dinero público con las necesidades que viven los ciudadanos. Víctor Velasco dirige esta historia de dos hermanas, un reencuentro y una esperanza de futuro, llena de apartes escénicos donde evidenciar las denuncias. Velasco aporta ritmo al montaje gracias al juego de luces creado, al espacio sonoro oportuno y a unas actrices que entran y salen de sus personajes para llegar a ellas mismas y volver al personaje con una facilidad pasmosa. Mezclan la realidad con la ficción, sintiendo la realidad como un mal sueño y la ficción como el momento de confort entre esas dos hermanas que, a pesar de los años y las circunstancias vividas, nunca han perdido sus vínculos fraternos. Aunque se pierda la esperanza en la sociedad, en el Estado del bienestar y en el futuro social, al menos, que nunca nos fallen los sentimientos.

Calificación: Historia que agarra un pellizco al espectador y le suelta días después.

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Bansia

Bansia” es la mezcla de Bankia y ansia, vamos, la unión de dos conceptos muy oídos y sentidos desde que la crisis ocupó nuestras vidas. El actor Carlos Pontini ha querido plasmar en esta obra de teatro, escrita por él mismo, la difícil realidad de todas aquellas personas que han tenido que enfrentarse a un banco que les ha dejado sin vivienda y que, en muchas ocasiones, no se queda sólo ahí porque además tienen que seguir pagando la parte del préstamo que el precio de su vivienda no ha cubierto. El autor conoce muy bien de lo que habla porque ha sufrido en sus propias carnes una situación similar en la que además ha intervenido la Administración Pública. Un cóctel explosivo.

A pesar de todo, Pontini ha sabido darle un tono de humor a la tragedia que relata, reforzado si cabe por la dirección de Juanma Cifuentes que proporciona varios momentos de carcajadas al público. La trama entrelaza la desesperación de la víctima de la hipoteca, dispuesto a hacer lo que sea para salir del atolladero, con la vida del presidente de la entidad financiera, enchufado y enchufista, que abusa de su poder, ejerciéndolo sobre una nueva directora de la oficina del banco, precisamente de la sucursal donde el pobre hipotecado tiene su préstamo. Aparte de ser una comedia, “Bansia” recala en el thriller y hasta en el musical gracias a las simpáticas coreografías al son de unas divertidas letras de canciones que introducen en la trama y traen y llevan al espectador por ella. “Bansia” es reflexión desde el humor y pone en evidencia, por si aún no hemos caído en ello, que los ciudadanos somos del tamaño de un guisante al lado de las monstruosas, en el más amplio sentido de la palabra, entidades financieras.

Calificación: Mezcla de estilos teatrales sobre un único drama que sufren más personas de las que imaginamos.

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La plaza del diamante

Lolita Flores ha tenido mucha suerte. Que caiga en sus manos una joya de la literatura de la posguerra española como es “La plaza del diamante” es una fortuna reservada a muy pocos. Mercè Rodoreda, autora de la novela, narró en esta novela las tragedias que se vivían en España antes y después de la guerra civil. En la historia de Columeta no sólo cuenta lo que su protagonista va narrando sino cómo lo va narrando. Este es un personaje que dejó marca en la televisión de los años ochenta,  que esparció la realidad de la guerra entre los españolitos que se sentaban delante de la tele a ver la penurias que ese personaje vivía, entonces, interpretado para la pequeña pantalla por Silvia Munt. Hoy nos encontramos a una Columeta en la madurez de su vida recordando su infancia y su juventud que pasaron como un soplido entre miseria, hambre y vejaciones. Lolita Flores es la encargada de contarlo, no sólo de contarlo, sino de mostrarnos en carne mortal a esa Columeta que ronda los cincuentas años que está de vuelta de la vida y que se conforma con poco, como desde el día que nació. La vida de Columeta es la vida de miles de personas que vivieron en aquella España triste y oscura sin posibilidad de conseguir nada mejor en un horizonte lejano y que no tuvieron más remedio que sumirse en el agujero de la supervivencia.

Joan Ollé ha hecho una magnífica adaptación de la novela que permite al espectador adentrarse en la vida del personaje y no perder detalle del trasiego continuo en la vida de Columeta. Y quien mejor que Ollé para dirigir a esta Lolita Flores que ha aceptado un reto difícil, del que sale airosa mientras consigue atrapar al público en la intensa vida de esa mujer con la mirada a ratos perdida, a ratos evocadora. Seguro que Lolita habrá ido creciendo aún más en su personaje según hayan ido avanzando las representaciones y se haya adaptando a los inconvenientes de esa sala pequeña del Teatro Español llena de incesantes ruidos provocados por el público asistente que, a veces, olvida que el teatro no es el salón de su casa. Joan Ollé ha optado por una sencilla dirección en el movimiento escénico, pero en la que cada palabra busca un tono para representar un significado. Magnífica la idea de las guirnaldas de luces para enfatizar momentos cruciales de un vida llena de oscuros y poco claros.

Calificación: Gran oportunidad para acercarse a un título indispensable de la literatura contemporánea. Excelente ocasión para ver a Lolita Flores en plenitud interpretativa.

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Castigo ejemplar yeah

Si hubiera que buscar un heredero al género del surrealismo en el teatro entre nuestros coetáneos muchos dedos apuntarían a Iñigo Guardamino. Un autor con las ideas muy claras en cuanto a lo que quiere contar, que lleva las situaciones a extremos impensables para hacer recapacitar al espectador. En “Castigo ejemplar yeah” analiza la situación de los hijos en nuestro tiempo, los problemas de la educación, del consumismo, del estatus social y de cómo conseguir los fines a cualquier precio. La obra es una crítica a los peores ejemplos de la convivencia en sociedad que se transmiten de padres a hijos sin entender que ese es el camino equivocado para lograr un convivencia social pacífica. El matrimonio protagonista quiere salvar a su hijo a toda costa de los borrones que su retoño ha acumulado en el expediente escolar, sin preocuparse por encontrar la manera para cambiar las conductas de su hijo, sólo quieren que quede limpio. El matrimonio está interpretado por Natalia Díaz y Rodrigo Sáenz de Heredia. ¡Qué dos actorazos! Pura verdad en sus palabras en un texto nada fácil de interpretar que ellos llenan de naturalidad, de sencillez, de realismo en el surrealismo. Incluso en los giros más insospechados que tiene el texto, ambos actores están a la altura, no decaen, son esos padres que, aunque carentes de rigor ético, entienden que van sobrados de razón para defender lo indefendible. “Castigo ejemplar yeah” es un montaje que obliga al espectador a estar en constante búsqueda de la razón y de los paralelismos trazados junto a la realidad. Un ejercicio mental para localizar algunos de los fallos de la sociedad actual.

Calificación: Reflexión sobre la verdadera sociedad cohabitando entre los límites de la realidad.

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