Efecto Madrid llega a la radio

Radio Libertad

Tras la buena aceptación que ha tenido Efecto Madrid entre blogueros e internautas hemos decidido llevar nuestro formato digital a la radio. ¡Efecto Madrid ya tiene su espacio radiofónico!

Será todos los sábado entre las 6 y las 8 de la tarde (en la temporada otoño-invierno, a partir del 5 de septiembre, el horario será de 4 a 5:30 de la tarde)en Radio Libertad en el 107.0 y a través de www.radiolibertad.com. Es una fuerte apuesta de la emisora para sus fines de semana. Radio Libertad, con este programa, ha confiado en un proyecto joven que tiene grandes perspectivas.

Llegaremos hasta los oyentes con la intención de ayudarles a elegir las opciones de ocio más destacadas por su calidad y su buena acogida entre el público.

Teatro, cine, música, restaurantes y la opinión de los colaboradores del programa y de los oyentes sobre temas de la actualidad de la semana harán de Efecto Madrid un referente de la radio para saber dónde ir. Además, siempre que sea posible, los oyentes que participen activamente tendrán la posibilidad de ganar entradas para espectáculos.

Contaremos con entrevistas a actores, directores, autores que nos contarán todos los detalles del cine y de los espectáculos que han creado.

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Desde el sábado 11 de julio, nos oímos, efecteros.

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La tentación se repite

Hoy he estado tentado a recaer en una acción absolutamente anormal en una sociedad organizada como la nuestra. Lo peor de todo es que en alguna ocasión no lo he podido evitar y me he dejado llevar por la corriente mediática que incita a su consumo.

La estampa que me hizo recapacitar sobre lo increíble de la acción se produjo como cuento: una de la madrugada. Al día siguiente había que madrugar para trabajar. El sofá me acogía cálidamente, me acurrucaba entre su respaldo y el brazo izquierdo. Una bolsa de pipas me acompañaba en el trance. Y mientras tanto me iba comiendo las pipas, obviamente. Enfrente, la televisión. Me tenía embelesado. Sólo se veían las imágenes de manadas de gente a los laterales de una carretera esperando la llegada de un coche. Era junio de 2006. El pueblo era Chipiona. El coche que esperaban era el que portaba el féretro con el cuerpo de Rocío Jurado.

Cuando recapacité sobre la escena que se vivía en el salón de mi casa me enfadé conmigo mismo. Era inaudito que alguien -yo- estuviese contemplando el duro trance de una familia retransmitido por televisión y amenizado con una bolsa de pipas. Ahí apagué la tele y me fui a dormir refunfuñando por el pasillo. Los medios nos crean obligaciones donde nos las hay. Ofrecen espectáculos donde sólo hay el dolor y la tristeza de una familia.

Hoy casi vuelvo a recaer con el funeral de Michael Jackson (ah, ¿pero es que aún no le han enterrado?). Desconozco la causa por la que el cuerpo del rey del pop aún no ha sido enterrado después de varias semanas fallecido -las autopsias terminaron hace días-, pero puedo imaginar el estado de agotamiento de su familia. Dejen descansar ya a Michael Jackson y a los suyos, pero para siempre. Que no surjan ahora especulaciones, noticias sin contrastar o ideas sobre la vida y la muerte del cantante. Será inevitable, ya lo verán. Lo contrario significaría que el mundo ha cambiado.

¡Cuanta gente en el estadio para darle el último adiós! (pero ¡qué hago viendo la televisión!) Ayer se decía hola a Cristiano Ronaldo en el Bernabeu ante 70.000 aficionados -con todas las cosas que tengo yo que hacer y la gente anda tan sobrada de tiempo, será la jornada intensiva– y hoy se dice adiós a Michael Jackson en otro estadio. Estadios polivalentes.

Me consuela saber que mi amiga Mariana, una intelectual de pro, se acostó más tarde que yo viendo el cortejo fúnebre de Rocío Jurado. Al final, ninguno somos infalibles, todos somos influenciables. ¡Qué desgracia!

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Entrevista a Charo Soriano

Charo Soriano

«A mí me gusta crear los personajes, no sólo decirlos»

Actriz de toda la vida. Dedicada en cuerpo y alma al teatro. Reconoce que si volviera a nacer, volvería a dedicarse al teatro. Sufrió junto a los autores y directores la época de la censura, pero recuerda aquel momento, por su intensidad, como algo especial, «algo tan maravilloso». Tuvo la suerte de ser dirigida por Adolfo Marsillach en la polémica versión del Marat-Sade estrenada en 1968, por la que recibió el Premio de Intepretación en el ciclo de Teatro Latino. También reconocida en el cine donde destacan, entre otros, sus papeles en películas de Saura como El jardín de las delicias, Ana y los lobos o La casa de chivas por la que recibió el Premio del Sindicato del Espectáculo. En el Último viaje de Antonio Machado interpreta magistralmente a la madre amantísima del poeta.

Charo Soriano

La actriz Charo Soriano

P. ¿Qué conclusión saca el espectador de Último viaje de Antonio Machado?

R. La conclusión está muy clara. Es una historia supervisada por Ian Gibson, no hay ningún dato falso. Es un homenaje al exilio que cualquier ser humano en cualquier guerra tiene que dejar su casa, su familia, sus amigos y emprender un éxodo hacia no se sabe qué. En un momento dado a todos nos puede pasar o a cualquiera le pudo pasar. Y, sobre todo, sirve para darse cuenta de lo terrible de una guerra civil, que por desgracia siguen existiendo.

P. ¿Qué es lo más duro del exilio?

R. Yo, afortunadamente, no lo he vivido, pero estar en un país distinto, dejar todo tu mundo, tu vida, tus cosas personales debe ser de un desgarro terrible. Toda una vida que se deja de lado. Esto hace que las personas se sientan perdidas. Más aún si se rodea de las circunstancias que vivió la familia Machado. Antonio sabía que su madre se estaba muriendo y su madre sabía que a Antonio no le quedaba mucho tiempo de vida. La madre tambien sufría porque no sabía dónde estaban dos de sus hijos y además su hijo Manuel se separó de la familia por tener una ideología política distinta.

P. ¿Antonio Machado o su familia se sentirían identificados con la obra?

R. Ha habido parte de la familia que ha contribuido en la elaboración del texto. El otro día vino al teatro un señor que conoció a la familia Machado y cuando me vio salir del teatro me dijo: «¿Eres la madre? Es que en el papel que interpretas estás igual que ella».

P. Sorprende la fortaleza de la madre de Antonio Machado.

R. Es un personaje con una fuerza impresionante aunque en todo momento emana cariño y ternura hacia su hijo enfermo. Ella llega a Francia con una salud más delicada que la de su hijo, pero resiste hasta que muere Antonio. A los tres día fallece ella. Eso me impactó. Si no fuera biográfico, pensaría que el autor se había pasado.

P. ¿La vida de Charo Soriano daría para una obra de teatro?

R. (Risas) Todas las vidas dan para una obra de teatro. Mi vida se ha centrado en el teatro. Si volviera a nacer, volvería a hacer teatro. También me ha gustado mucho el cine que he hecho, pero la pasión es el teatro.

P. ¿Tampoco has resistido a la televisión?

R. Llevo muchos años sin hacer televisión, pero he hecho muchos Estudio 1, que se cuidaban mucho, con muchos ensayos. Aunque la forma de trabajar en televisión ahora no me apasiona. Eso de que te den hoy un personaje y mañana tengas que salir a hacerlo… a mí me gusta crear los personajes, no sólo decirlos. Investigas el personaje y vas trabajando el personaje, estudiando por qué dice cada cosa y cómo se siente para expresarse así. Ese es el placer del teatro. Con la televisión, bueno, consigues popularidad.

P. ¿La popularidad es un placer o cansa?

R. Las dos cosas. Yo siempre he tenido claro que mi vida personal era mía, no quería contársela a un señor que no conocía de nada ni que investigasen sobre mi vida, ¿por qué? Yo a un amigo le cuento todo lo que quiera. Pero al igual que yo no opino de la vida de otros, nadie tiene por qué opinar de mi vida.

P. Comenzaste como meritorio del Teatro Español, ¿te acuerdas aún de aquellos días?

R. Síiii, me encantaba. Entonces había que tener un carnet que se obtenía estudiando tres años en el conservatorio o haciendo en un teatro nueve meses de meritorio para que pudieras trabajar. Todos los días me sentaba en una esquina del Teatro Español y me veía todas la obras. Me las sabía todas de memoria. Cuando terminé hice unos exámenes y quedé la número uno. Entonces se hacía la lectura de los textos con el autor y repartían los personajes. Al primer reparto que fui, para la obra El sexo débil ha hecho gimnasia de Poncela, me parecieron todos los personajes tan importantes que pensé que no había ninguno para mí, pero claro que lo había. Interpreté a una señorita huérfana que viajaba a Italia.

P. Ahora los actores tienen mucha más formación, pero no surgen grandes actores como entonces ¿por qué?

R. Ahora se dicen los personajes, pero no se crean. A mí me gusta crear los personajes, no sólo decirlos.  Yo tuve un profesor que nos decía que cuando se va al teatro y sin conocer a los personajes algo te atrapa de uno de ellos, ese normalmente es el primer actor. En el Último viaje de Antonio Machado ha dado la casualidad de que todos los actores creamos. Y eso se nota cuando el público sale emocionado.

P. Hoy el estreno de Marat-Sade ya no provocaría la revolución que causó cuando se estrenó en 1968 en el Teatro Español.

R. Claro que no. Hoy se puede decir todo y se puede hacer todo, pero en aquellas circunstancias era distinto. Durante la censura había un gran talento para decir las cosas sin decirlas. Había un talento muy agudizado. El estreno del Marat-Sade, dirigida por Adolfo Marsillach fue una noche memorable. Las protestas en la calle, apoyando la obra, fueron tremendas. Gente del partido comunista asistió a la representación y lanzó en el teatro panfletos con sus proclamas. Hubo quien dijo que habíamos pasado a la historia del teatro español porque habría un antes y un después del Marat-Sade. Estuvo sólo tres días en cartel, pero no por el escándalo que se organizó, sino porque estaba previsto así. Después se tenía pensado volver a Madrid, pero el autor, Peter Weiss, ordenó la suspensión de las representaciones como muestra de apoyo a las revueltas estudiantiles del 68.

P. ¿Añoras aquella época?

R. Fue una época preciosa. Las emociones se vivían más intensamente. Era algo tan maravilloso…

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Antonio Machado vive

Último viaje de Antonio Machado

Teatro en estado puro 

Francisco Vidal y Charo Soriano interpretan a Antonio Machado y su madre

Francisco Vidal y Charo Soriano interpretan a Antonio Machado y su madre

Tener que dejar involuntariamente el lugar donde se ha nacido, se ha vivido, se ha crecido, donde se ha amado y se ha sufrido es una de las experiencias más amargas que tiene que vivir el ser humano. El dolor y la profunda tristeza que eso produce es lo que nos transmite el autor argentino, Marco Canale, en Último viaje de Antonio Machado, quein ahondó en la vida del poeta contando con la ayuda del hispanista Ian Gibson.

Agotamiento, enfermedad, dolor, desesperación. Sentimientos y sufrimiento que la familia Machado lleva consigo al llegar a Collioure (Francia) después de abandonar España como exiliados. Antonio Machado (Francisco Vidal) llega enfermo al destierro francés con el permanente recuerdo de su esposa fallecida, Leonor (Gloria Sanvicente). Antonio contó en ese viaje con el apoyo de su madre, Ana Ruiz (Charo Soriano) que, anciana y con una salud delicada, no está dispuesta a dejar a su hijo sólo en ese duro trance. También les acompañaron el hermano del poeta, José Machado (Manuel Brun) y su esposa, Matea Monedero (Resu Morales). Todos ellos vivieron humildemente en la pensión Bougnol-Quintana, regentada por Madame Quintana (Claudia Gravi).

En España permanecía otro de los hermanos, el también escritor Manuel Machado (Ángel Amorós) que fijó su residencia en Burgos, desde donde dio apoyo al bando nacional, enfrentándose así a su hermano Antonio que salió del país para evitar la persecución a los intelectuales con ideas contrarias a las imposiciones franquistas.

La división de la familia Machado es otra muestra de lo que los españoles vivieron en esos días. También José Machado sufrió la división interna entre el apoyo a su familia y el apoyo a su desconsolada esposa que  tenía una única obsesión: regresar a España para encontrar a sus hijas.

Un drama con una puesta en escena espléndida para conmemorar el 70 aniversario del muerte de Antonio Machado. Además la obra posee una escenografía sencilla y clara que describe rotundamente el entorno donde vivieron los Machado escamente un mes. El montaje cuenta con la dirección redonda de Ginés Sánchez. Este joven director ha conseguido trasladar al público hasta 1939 en el rincón de la costa francesa llamado Collioure. Una apuesta por el teatro de calidad, por un teatro puro, sin distracciones.

Estuvo en cartel hasta el 12 de julio de 2009.

 Teatro Muñoz Seca

Plaza del Carmen, 1

Tel: 91 523 21 28

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¡Viva el tango!

Tango Quattro

Tango Quattro junto a los bailarines Julio y Veronique

Tango Quattro junto a los bailarines Julio y Veronique

El tango es un género musical que se mantiene inmutable en el tiempo por lo que tiene de histórico y arriago en las costumbre del pueblo argentino. A ello contribuyen fuertemente composiciones como la de Tango Quattro. Este quinteto de argentinos afincados en España el sonido acompansado de este estilo musical por los rincones de nuestro país y del resto de Europa.

El Nuevo Teatro Lara, ese mítico teatro madrileño que durante varios años dejó de existir a pesar de estar y que acertadísimamente fue reabierto manteniendo su rancio sabor que exuda por sus paredes el recuerdo de los éxitos logrados por los clásicos como Jacinto Benavente, María Guerrero o Lola Membivres, es el marco ideal para acoger el último montaje de Tango Quattro.

Cuando el telón del Lara se levanta, aparece en el centro del escenario el protagonista el tango: el bandoneón. El instrumento que hace reconocible un tango de cualquier otro género musical. En esta ocasión ocupa el lugar privilegiado en el escenario. El quinteto ha querido acompañar la obra instrumental recopilada con el magistral baile de los experimentados tangueros Julio y Veronique.
 
Desde La cumparsita hasta Malevaje pasando por las grandes piezas del tristemente desaparecido Astor Piazzolla, como Libertango, Adiós Nonino o Invierno Porteño. Así hasta más de quince composiciones de los clásicos argentinos. Imprescindible para los amantes del tango.

Hasta el 12 de julio en

Nuevo Teatro Lara

Corredera Baja de San Pablo, 15

Tel: 91 523 90 27

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Flamenco maquinero

El flamenco y las máquinas

Bizarro. Innovador. Inusual. El montaje de la Compañía Flamenca Dolores Giménez que estos días se puede ver en el Pequeño Teatro Gran Vía sorprende al espectador -no se puede negar- por las nuevas fusiones musicales que presenta. La mezcla de soleá, tarantos o seguiriya  con la música electrónica ha de reconocerse como algo nada visto hasta el momento. Y lo funden muy correctamente en esta creación para relacionar ese baile artístico con la invasión de aparatos electrónicos que nos rodea.

El espectador sin darse cuenta pasa de un tablao a una megadiscoteca ibicenca, pero manteniendo en el escenario al cuerpo de baile flamenco de la compañía. Faralaes al aire. Pero todo tiene un límite que se ve algo desbordado cuando la bata de cola se mueve al ritmo de la gaita gallega cuan muñeira andaluza. Cuesta. Cuesta imaginarlo, más aún verlo en escena. Difíciles de comprender también son algunos fallos de coordinación del cuerpo de baile o las evidentes faltas de detalle en el vestuario y sus complementos.

Se agradece que Dolores Giménez se haya preocupado por conseguir impactar al público. Pero lo que en Madrid se queda en un impacto anecdótico, quizá en Andalucía, cuna del flamenco, podría pasar a ser una insurección. El Flamenco y las máquinas sobre el escenario del Teatro de la Maestranza de Sevilla podría acabar peor que una de las míticas salidas con protección policial del torero Rafael de Paula en alguna que otra plaza. ¡Qué tiempos aquellos!

Destaca sin duda el buen hacer de Dolores Giménez, que lleva el arte en las venas. Y en su propia compañía tiene una perfecta candidata a sucederla: Sara Lobo. La primera bailaora de la compañía no pasa desapercibida. Movimientos delicados, exactos, con la garra del baile más profundo y la fuerza que necesita para que este arte esté bien expresado.

Hasta el 16 de agosto.

Pequeño Teatro Gran Vía

Gran Vía, 66

91 541 55 69

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Entrevista a Víctor Ullate y Jacob Hernández

VÍCTOR ULLATE

«La vida es sabia y si las cosas no fluyen será por algo»

El director de la compañía de danza de la Comunidad de Madrid Víctor Ullate Ballet, que acaba de celebrar sus veinte años como formación, recorrerá el país con su último montaje: Beethoven. En su estreno, en el Teatro Compac Gran Vía de Madrid, el patio de butacas en pie ovacionó a Ullate durante varios minutos. Una vida dedicada al ballet con grandes momentos dulces y épocas duras. Muchos triunfos, pocos fracasos. Y una sana obsesión: que España dedique a la danza el lugar que se merece en la cultura. Hace algunas semanas, Ullate presentó ante el Ministerio de Cultura el proyecto global del Ballet Clásico Nacional.

Víctor Ullate

El maestro Víctor Ullate

P. Víctor, ¿el espectáculo Beethoven es un resumen de la obra del autor o Beethoven da para mucho más?

R. Yo he dado todo lo que puedo dar (risas) porque la música es impresionante y me preocupaba no estar a la altura de la música. Cuando las cosas las haces con corazón, con ilusión, como emotividad, las cosas salen. Das lo máximo de ti y a veces tienes la suerte de conseguir tu propósito. El tener años implica más seguridad, saber lo que quieres, lo que no quieres, lo que debes hacer, lo que no debes hacer. No eres tan impulsivo, eres más cerebral, aunque no lo soy (risas), pero piensas más las cosas y sobre todo lo importante es estar bien con uno mismo.

P. ¿La gente que trabaja contigo tiene autonomía? ¿Eduardo Lao tiene autonomía?

R. Perfectamente. Eduardo, aparte de que le quiero mucho, le tengo un gran respeto y una gran admiración. Además tiene una gran autonomía porque es director adjunto de la compañía y lo que él diga también va a misa, no solamente lo que diga yo, sino que lo que diga él para mí es muy importante. Y sobre todo tener a una persona a tu lado que te pueda decir «oye, te estás equivocando» o yo a él, sin ofendernos, sabiendo que es por nuestro bien. Siempre ha estado a mi lado desde bien jovencito. Se sabe mis coreografías mejor que yo.

P. ¿Qué se siente cuando se ve un montaje propio sobre el escenario?

R. En el caso de Beethoven me siento muy halagado de ver que los bailarines dan el cien por cien, que creen, que interpretan, que sienten, que son felices bailando y que el público te halaga. Es algo muy agradable para mí y para los bailarines también.

P. En este momento, ¿es más difícil que los jóvenes bailarines lleguen a triunfar que cuando tú empezabas?

R. Posiblemente. Todo evoluciona. Ahora hay más bailarines, la técnica está más evolucionada, se pide más. Es muy importante la personalidad. Como no tengas una personalidad y te limites a ser un ejecutor, no llegas ni al público ni a un coreógrafo.

P. ¿Te cuesta ser exigente con tus alumnos?

R. Sí, me cuesta porque al principio quería que todos bailasen, quisieran o no. Ahora pienso: «si no trabajan, es que no lo quieren». Siempre está el amor propio del maestro. Si alguien ve a ese alumno y piensa que está estudiando conmigo, lo que quiero es que se note que tiene el sello de la escuela.

P. ¿Los fracasos son más dolorosos cuando se está en la cumbre?

R. Sí, la verdad es que cuando uno empieza, a uno no le conocen y no le exigen. El público no espera de ti. En este caso, el público siempre espera de mí algo más. Tienes que estar en óptimas condiciones físicas y mentales. A veces las ideas te vienen y otras no. Cuando voy a hacer una coreografía a mí me inspira la gente. He estado años sin crear porque los bailarines no me inspiraban. Pero en estos momentos la compañía me inspira.

P. ¿Y qué tal es la relación con tus compañeros, con el resto de grandes bailarines de nuestro país?

R. Como yo, deben estar muy ocupados y entonces nos vemos muy poco. Tengo un gran respeto a Nacho Duato, a José Antonio o María Pagés. A todos los quiero mucho y les deseo lo mejor. Todos estamos en el mismo barco y si no nos ayudamos puede ser patético. Al contrario, me gustaría que hubiese más unión y que todos lucháramos más por esta ilusión que tenemos todos por la danza.

P. Tuviste una adolescencia dura, ¿eso te ha marcado o es algo que ya has olvidado?

R. Todo te marca, claro que sí. Nada es gratis, pero si lo negativo lo haces positivo, eso te sirve. Te sirve para pensar más en los demás, para ponerte en el lugar de los demás, para comprender más a los demás. Yo a los 21 años tuve un accidente terrible y toda mi ilusión se fue al garete. No fue fácil desde que salí de España porque cuando no fue una cosa, fue otra. Pero mereció la pena porque todo ésto lo he sentido después en un escenario. He llorado, he reído y me he vuelto loco en el escenario porque ese momento era mío y lo he disfrutado mucho. Aunque estuviera cansado, salía a dar el todo, a aprovecharlo, a ser feliz.

P. ¿Hubieras preferido que tus hijos fueran abogados o médicos antes que artistas?

R. Nooo. Es un lujo que la vida me ha dado. ¿Tú crees que un abogado es más feliz que un artista? (risas). Es maravilloso ser artista. Además un artista nunca tiene tiempo de aburrirse porque ama tanto el arte que ve arte por todas las partes.

P. ¿Has devuelto ya tu Medalla de Oro a las Bellas Artes?

R. ¿Por? (risas). No, no, no, cuando te ofrecen una medalla así es por algo. Siempre hay injusticias o desacuerdos por parte de otras personas, pero no fue mi caso y lo agradecí muchísimo. Todos los premios que me dan son un regalo, aunque el mejor premio sería que España tuviese muchas compañías y hubiese mucho interés por la danza y que hubiese mucho público de danza, porque a día de hoy, es una minoría. Todavía nos falta mucho. Pero gracias al programa de Fama, los espectadores han podido ver los esfuerzos que hace un bailarín para aprenderse una coreografía y los problemas que tiene. Ha beneficiado mucho a la danza.

P. ¿Tienes alguna noticia del Ministerio de Cultura?

R. No, no la tengo, pero cuando no han dado señales de vida será porque no le interesa a este nuevo equipo tener una compañía clásica. Cuando llegue el momento ya se verá. Es muy de extrañar que aún no hayan contestado nada. Yo estoy muy bien como estoy y encantado con la compañía que tengo, estoy entusiasmado. La gente de la Comunidad de Madrid es estupenda. Tenemos una Viceconsejera (de Cultura) que es una maravilla, Concha Guerra. Tenemos a un Vicepresidente, estupendo, Ignacio (González). Tenemos a una Presidenta, fantástica. Todos están muy orgullosos de tener su compañía, tanto que han pensado que esta compañía podría ser el embrión del Ballet Nacional. Lo que me extraña es que este equipo nuevo que ha entrado no haya pensado un poco más en las necesidades que puede tener España. Francia, Portugal… todos los países de Europa tienen su compañía nacional. La vida es sabia y si las cosas no fluyen será por algo. 

P. ¿Cómo consigues reconfortarte de la ausencia de amigos como Maurice Béjart, a quien dedicas Beethoven?

R. Maurice ha sido una persona muy importante en mi vida. Fue mi padre, fue mi hermano… fue todo. Yo entré muy jovencito en su compañía, a los 17 años, y Maurice muchas veces me ha tenido que dar un consejo porque no tenía a mis padres. Sobre todo, me enseñó cómo tenía que dirigir. Él fue un ejemplo para todos nosotros. He tenido la gran suerte de haber conocido a este genio de la danza, que hizo que evolucionara. Y si algo tengo de él, alabado sea Dios, ¡qué bonito!

P. ¿Sigues bailando o ya ni en las bodas?

R. Ni en las bodas. Pero bailo con la mente y con el espíritu. Disfruto mucho viendo bailar. Para todo hay una edad y ahora sería ridículo. Tampoco tengo ganas. Sólo he vuelto a salir a petición de Eduardo Lao para el montaje 2 you Maestro, que me dijo que o salía al escenario o no celebrábamos el veinte aniversario de la compañía. Y ahí me tienes en el escenario. Aunque no hago nada porque tendría que haber entrenado duro. Pero sí, la presencia y estar rodeado de mis bailarines, es un gran regalo que he recibido de la vida. La vida es dura, pero si te rodeas de gente que amas y que te aman eso puede ser muy bonito.  Y yo estoy viviendo unos momentos muy felices. 

 

Víctor Ullate y Jacob Hernández tras la entrevista
                        Víctor Ullate y Jacob Hernández tras la entrevista

 

JACOB HERNÁNDEZ

«Lo que más me alegra de mí es que sigo siendo el mismo»

Este joven canario lleva ocho años viviendo en Madrid y el último dedicado en cuerpo y alma al Víctor Ullate Ballet. Dice sentirse muy cómodo trabajando con Ullate como uno de los primeros bailarines de su compañía. Fue concursante de la primera edición del programa Fama ¡a bailar! y es el único participante que trabaja como bailarín profesional fuera de televisión. Sensible, supertrabajador y una bellísima persona. Según Ullate, no se le podría definir mejor.

Jacob Hernández, solista del Víctor Ullate Ballet

Jacob Hernández, solista del Víctor Ullate Ballet

 P. Jacob, ¿cómo te sientes con Beethoven‘?

R. Es una pregunta difícil. Me siento orgulloso del rol que hago, que en realidad son dos, uno, de un niño y otro, de un adulto que trata entre la vida y la muerte. Son muy distintos los dos roles que bailo. Ahora estoy enamorado del segundo movimiento de Beethoven que es el papel del adulto, pero me encanta hacer de niño porque me recuerda a mi infancia y además soy una persona muy alegre y eso me hace sentirme más identificado con el papel del niño.

P. ¿Dónde te encuentras más cómodo en la danza clásica o en la contemporánea?

R. Ni en una ni en otra. Me gusta más un estilo neoclásico como Beethoven que tiene mucha técnica clásica mezclado con matices más contemporáneos. Generalmente, cuando se habla de contemporáneo se piensa en una persona que se arrastra por el suelo y da tres vueltas y cuando se habla de clásico todo el mundo se imagina un tutú. Por eso, prefiero el neoclásico. Es un estilo más libre, con coreografías creadas para ti o ya montadas, pero que en cualquier caso es un placer bailarlas.

P. ¿Cómo supiste que querías ser bailarín?

R. Yo de pequeño quería ser gimnasta. Lo fui en Canarias en el «Club La Playa». Fui campeón de mi categoría y para los campeonatos de España me obligaron a hacer ballet y ahí empezó todo. Dejé la gimnasia deportiva porque suspendí muchas asignaturas y mi madre me quitó. Y continúe haciendo ballet. Inicialmente me llevaban mi padres, ellos nunca han tenido ningún problema con respecto al ballet. Pero después de eso continué yendo a escondidas.

P. ¿Cómo se prepara día a día un bailarín?

R. Con mucho positivismo. Cada mañana me levanto, voy a clase de diez a once y media. Luego, estamos ensayando hasta las cinco y media. Comemos algo rápido en media horita para no perder mucho tiempo. El preparamiento físico es duro. Yo además voy al gimnasio por un tema personal, pero sobre todo para estar más preparado físicamente, poder coger a las chicas en un paso a dos o para poder realizar otros movimientos más duros.

P. ¿Es verdad que para un bailarín «la fama cuesta»?

R. Un bailarín no busca la fama nunca. Baila porque le gusta y le apetece. Buscar la fama es una chorrada para mí y mucha gente pensará lo contrario puesto que hace poco estuve en el programa Fama y salí de la tele, pero yo no salí de la tele. Antes de salir en la tele estudié en Canarias, después me fui a Alemania, he bailado en otras compañías y ahora por suerte estoy aquí. Creo que Víctor no me hubiese seleccionado si no hubiese visto algo en mí.

P. ¿Es difícil hacerse un hueco en el mundo de la danza?

R. Es muy difícil. Creo que lo importante es trabajar para ti mismo. Bailar para ti y para nadie más. Si te gusta bailar te metes a tope en lo que te gusta hacer. Ya luego lo que alcances depende de ti. Si trabajas, llegas como en todos los trabajos, vas ascendiendo poco a poco, dependiendo del curro que hagas.

P. De no ser bailarín, ¿qué serías?

R. Creo que algo que tuviera que ver con el mundo del artisteo. Yo de pequeño soñaba con ser cantante o actor. Siempre me gustó el Derecho también, pero no pude estudiarlo porque era un gandul. Eso o auxiliar de vuelo.

P. ¿Has hecho realidad algún sueño de infancia?

R. Sí, ser bailarín y, sobre todo, seguir siendo yo. Es fácil perderse en el camino y lo que más me alegra de mí es que sigo siendo el mismo.

P. ¿Dónde crees que estarás dentro de diez años?

R. ¡Vaya con la pregunta! Espero estar vivo y seguir igual de joven y guapo (risas). Ojalá que tenga la misma salud, la misma alegría, las mismas ganas de seguir haciendo lo que me gusta, que siga teniendo la misma suerte, que la gente confíe en mí… y que me haga rico (risas). Lo que Dios quiera.

Sentados los tres sobre el suelo del escenario -lo que denota la sencillez de estos dos hombres-, oyendo como el público ocupaba el patio de butacas al otro lado del telón y rodeados de los bailarines de Beethoven, que se relajan y hacen sus últimos estiramientos antes de salir a escena, acabamos la entrevista a la vez que el regidor nos avisa de que quedan menos de tres minutos para que empiece la segunda función del día.

 Gracias, Víctor. Gracias, Jacob por colaborar activamente con www.efectomadrid.com

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El mercader de Venecia o la lucha de religiones

Momento de El mercader de VeneciaCuando Shakespeare escribió a finales del siglo XVI El mercader de Venecia los temas que trababa en esa obra eran vistos con normalidad para el público europeo. Sin embargo, visto hoy, El mercader de Venecia nos hace reflexionar sobre la forma de vida del momento, las dificultades sociales para entablar relaciones o el gran conflicto existente ya entonces entre religiones.

La República de Venecia era un estado independiente que lanzó sus tentáculos mercantiles por todo el mundo enviando naves hacia los puntos más insospechados del planeta. La mayor parte de sus habitantes vivían del comercio, sin el que no habrían sido lo que un día fueron -hoy viven del turismo sin el que no serían lo son-. Il Doge regentaba esta república. Otorgaba leyes, administraba justicia, cobraba impuestos… y marginaba a los judíos a no poder ejercer profesión alguna y a vivir confinados en la isla de la Giudecca, ejerciciendo como prestamistas que no estaba catalogada como profesión.  Y así nos describe Shakespeare cómo era la sociedad veneciana de la época en El mercader de Venecia, que estos días se representa en el Teatro Infanta Isabel de Madrid.

Esta obra plasma la persecución y la continua incomprensión sufrida por el pueblo judío. De haber sido escrita hoy, El mercader de Venecia, habría sido calificada como políticamente incorrecta. Pero representarla en estos días nos permite saber cómo se pensaba entonces. Es cierto que el personaje del judío Shylock (interpretado magistralmente por Fernando Conde) no es un ‘santo’. Tampoco la reacción del resto de personajes habría sido la misma sin la provocación del judío a Antonio, pero Shakespeare deja claro quiénes son los buenos y quiénes los malos.

La versión que se representa estos días aporta vivacidad a la obra, emoción e incluso un humor hilarante en algunas escenas. Denis Rafter, su director, ha conseguido hacer de un clásico una obra con interés por saber que va a pasar -más en el segundo acto que en el primero-, suscitando la intriga de saber si los personajes de Antonio (en esta versión interpretado por Juan Gea) y Bassanio se aman o viven una fuerte amistad, mientras Porcia (Natalia Millán) lucha por conseguir el amor de su vida.

Hasta el 9 de agosto.

Teatro Infanta Isabel

Calle Barquillo, 24

Tel.: 91 521 02 12

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Beethoven. El agradecimiento de Ullate

 

Escena que narra la infancia dentro de La Pastoral

Escena que narra la infancia dentro de La Pastoral

Este año la compañía Víctor Ullate Ballet celebra su XX aniversario y para compartirlo con su público su director, Víctor Ullate, llevará de gira por España el espectáculo Beethoven. Esta es la forma de agradecer los éxitos que Ullate disfrutó durante su juventud bailando la música del autor que da título a esta representación. Tampoco faltó el reconocimiento a la época en la que el director de la compañía trabajó junto al gran coreógrafo Maurice Béjart, fallecido en 2007.

El montaje está dividido en dos partes que en todo momento siguen su hilo conductor a través de la música que nos legó el autor clásico alemán. En la primera mitad titulada 3, Ullate quiere transmitir cómo se gestiona una relación formada por tres personas, entendiendo por relación no sólo la sentimental sino la amistosa o la puramente profesional. El coreógrafo y director adjunto de la compañía, Eduardo Lao, ha sabido plasmar las alegrías, las tristezas, las desazones que las relaciones triangulares crean a sus protagonistas al compás, entre otras, de la Sonata número 14 «Claro de Luna».

La Pastoral copa la segunda parte del espectáculo. En sus tres movimientos narra la vida de las personas desde la infancia, expresado magníficamente en sus ritmos marcados por la vivacidad de la pieza, hasta llegar a la vejez momento en el que, a pesar de las dificultades de la edad, se siguen manteniendo las ganas de vivir y de relacionarse como bien ponen de manifiesto los bailarines de la compañía. No debe faltar el reconocimiento al excelente trabajo del canario Jacob Hernández como solista, que demuestra su entrega en las tablas y su soltura en el arte de la danza.

La escenografía de Paco Azorín juega un papel fundamental en la segunda mitad del montaje. Destaca el gran espejo que configura el techo del escenario y que permite que el espectador por una vez pueda ver lo que sucede en el centro de la escena, disfrutar de lo que ocurre allí donde no alcanza la vista de quien observa desde el patio de butacas. Magnífica idea.

La iluminación de Nicolás Fischtel queda perfectamente integrada dentro de esa escenografía. Ikerne Giménez enriquece la composición con su vestuario original, expresivo y muy descriptivo que facilita distinguir un movimiento de otro de forma sencilla.

En Madrid del 18 de junio al 5 de julio.

Teatro Compac Gran Vía

Gran Vía, 66

91 541 55 69

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El ministro Bosé

Hoy se ha rumoreado por los mentideros de nuestro país cuál era el plan que Zapatero había pensado antes del último cambio de carteras ministeriales. Pues sí. Nos quería colocar a Miguel Bosé como ministro de Cultura. Probablemente habría sido un excelente ministro, no lo vamos a negar, pero de entrada chirría.

Los consejos de ministros darían mucho de sí. Todos tan formales, con sus trajes-sastre ellas, su corbata ellos y Bosé en vaqueros con agujeros kilométricos y barba de tres días. Cierto es que eso es sólo imagen. Si no digo yo que no. Pero chirría.

Bosé tendría que dejar de dar conciertos, iría rodeado de guardaespaldas las veinticuatro horas y tendría que dejar de gestionar los negocios familiares. Incluso ZP quizá pensó en la figura de la «ministra madre», como las reinas. Y ahí que nos veríamos a la magnífica Lucía Bosé bajándose del coche oficial con los pelos azules. Glamour por doquier en el Gobierno.

Quizá alguna ministra o vicepresidenta se daría el gusto de poder hacerle los coros a Miguel en la gira de «Papitour». Tengo en la mente a tres candidatas ideales y que por marchosas seguro que lo hacían de buen grado. Todo, por un compañero de consejo.

Zapatero podría dedicarse al marketing. Qué grandes campañas monta. Esto de Bosé me recuerda a cualquier anuncio con la cara de un famoso. El propio Bosé anuncia una cadena de ópticas. Pues esto igual, eslogan incluido. Busque, compare y si encuentra un Gobierno mejor vótelo (o bótelo, que uno nunca sabe).

Lo mejor de todo es que el cantante quizá nunca llegó a saber de las intenciones del Presidente. O le espetó un ‘NO’ cuando se lo propuso. Sólo sabemos que finalmente se decantaron por la guionista y directora de cine Ángeles González-Sinde. Y mientras, Fernández de la Vega sin poderse quitar de la cabeza los coros de Bambú.

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